-¿Qué pasa? ¿Por qué lloras?-susurró Anna, abriendo los ojos. Se desperezó un poco, pero se dejó de mover, porque al hacerlo le dolía mucho la tripa.
-¡Anna!-Dani sonrió, aún con lágrimas en los ojos- Joder, ¿estás bien?
-Bueno... Me duele la tripa. Pero acabo de dar a luz a dos niños, es normal. ¿Qué pasa? ¿Me he dormido o algo?-Anna parecía no haberse dado cuenta de nada. Dani sonrió, ya que, al menos, ella no había sufrido.
-Tenías una hemorragia interna y te acaban de operar. Pero ya...
-¿Qué? ¿Que me han operado?-repitió incrédula Anna.
-Sí, Anna. Mañana por la tarde podemos irnos a casa... Te quiero.
-Y yo a ti, Dani. Esto es... Joder, soy tan feliz...-Anna dio un beso a Dani, sonriendo.
Dani estaba en casa, mirando fotos de Anna y él cuando habían empezado a salir. Cerró el ordenador con una sonrisa. Había pasado tanto tiempo... Recordó cuando se había ido de casa, cuando habían empezado a salir, cuando había conocido a sus padres, cuando habían nacido los gemelos... Ahora ellos tenían 11 años. Anna estaba trabajando. En ese momento ya no trabajaban juntos. Anna hacía un programa de radio, y Dani uno de televisión. Él volvía a casa una hora antes que ella. Miró su reloj, y vio que eran las 7. Faltaba media hora para que llegara Anna. Decidió subir a aquel rincón del tejado, llano, en el que había pasado algunas noches con Anna. Encontró ahí a Sara. Sorprendida trató de ocultar algo.
-¿Qué pasa Sara?-preguntó él, desconfiado.
-Nada...-mintió ella, mirándole a los ojos, desafiante. Dani la agarró con suavidad de la muñeca y tiró de ella. Sara se resignó, y le enseñó la mano, en la que tenía un cigarrillo.
-Sara, venga ya. No me esperaba esto...-Dani parecía estar siendo sincero, pero Sara respondió indiferente:
-Qué pasa.-Dani esperaba que ella tratara de excusarse, que se callara o que mintiera. Pero no esperaba esa respuesta.
-¿Que qué pasa? Que tienes 14 años. Que eres mi hija y que me importa lo que hagas.-replicó él.
-Ya, bueno. No parece que te interese mucho mi vida...-ella no le miraba a los ojos, y dio otra calada, despreocupada.
-¿Quieres que te cuente cómo nos conocimos tú y yo? No creo que te acuerdes...-dijo Dani. Sara le miró con interés.
-Pues me conociste cuando nací, ¿no?-supuso ella.
-No, Sara. Tu madre y yo tuvimos... Tuvimos problemas, y yo me fui. Cuando me fui no sabía que ella estaba embarazada de ti...
-Espera, espera. ¿Qué problemas?-se interesó Sara.
-Bueno...-Dani se rascó la cabeza incómodo- Yo antes hacía actuaciones los fines de semana. Una vez me fui a León, cerca de casa de los abuelos. Bebí mucho y... Bueno, me fui con una tía...-Dani miraba a todos lados, nervioso.
-¡¿Le pusiste los cuernos a mamá!?-gritó Sara, algo indignada.
-Sí, Sara. Yo estaba tan borracho que ni siquiera me acordaba. Volví a casa, y decidí que lo mejor para Anna era que me alejara de ella, para no hacerla más daño. Ahora, cuando lo recuerdo, me doy cuenta de que fui tan cobarde... Dejé una nota, y me fui sin decir nada. Volví al cabo de unos meses, porque la había visto en la televisión. Le conté lo que había pasado, y creí que me podía ir definitivamente. Pero 2 años después, mientras vagaba por la playa, ahí estabas tú. Estabas sola entre unos apartamentos de primera línea de playa, llorando. Yo te cogí en brazos, y tú me contaste que tu madre te había regañado, y tú te habías escapado. De pronto oí a tu madre detrás de mí, llamándote. Me vio y se quedó callada. Fuimos al apartamento que tenía alquilado ella, y estuvimos hablando. Después de un tiempo ella me perdonó... Tú tardaste un tiempo en enterarte de que yo era tu padre.
-¿Estás diciéndome que hasta que no tuve 2 años tú no me conociste?-Sara estaba alucinada. No se lo podía creer.
-Sí. Desde el día en que me fui, no ha habido un sólo día en el que no me haya arrepentido de lo que hice. Pero ahora estoy aquí, y...-Dani miraba a los ojos a Sara- ¿Qué te pasa últimamente, Sara?-ella le miró, como si le sorprendiera que notara algo.
-¿Que qué me pasa?-dijo, fingiendo que no le pasaba nada.
-Sí, Sara. Siempre has sido una chica estudiosa, buena, obediente... Últimamente suspendes, sales viernes, sábados y domingos todos los fines de semana, supongo que irás a botellones, y ahora me entero que fumas. En serio, he sido adolescente, y sé que no se cambia de un día para otro.
Sara le miró a los ojos. Él notó que le pedía ayuda, pero que le costaba contárselo. Le hizo un gesto, como incitándole a que se lo dijese. Sara suspiró.
-Es que... A ver, en mi clase hay un chico que me gusta, y para conocerle, me fui metiendo en su círculo de amigos-negó con la cabeza, y tiró el cigarro-. No sé cómo haces que te cuente esto.
Dani sonrió.
-¿Sabes? Cuando yo tenía tu edad debía de ser como ese chico. Bebía, y era "popular". Había una chica, que era muy guapa. Al principio era un poco la "marginada" de la clase, pero se fue metiendo en el grupo, hasta que llegó a ser una de las que organizaba las salidas los fines de semana. Un día, estando los dos solos, me soltó que yo le gustaba. Nos besamos, y hablamos. Después de eso, los dos salimos del grupo de populares. Íbamos a nuestra bola, éramos nosotros mismos. Después de un tiempo, ella se cambió de colegio, y de ciudad, y yo volví con el rabo entre las piernas al grupito de siempre. Lo que quiero decirte es que pienso que deberías hablar con ese chico. Eso sí, si empiezas a salir con él, me lo presentas, ¿eh?-avisó él, riendo. Ella sonrió, y los dos notaron que había alguien que acababa de subir allí, y miraba por la ventana. Era Anna.
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