Dani tenía la vida perfecta. Vivía en Madrid, haciendo el trabajo que más le gustaba; tenía como jefe una de las personas a la que más admiraba en el mundo; muchas mujeres estaban locas por él, ya que era guapo, simpático, gracioso... Cualquier persona cambiaría su vida con él. Pero, como en cualquier vida, él tenía su propio drama: Anna. Era la chica más guapa, más perfecta, más graciosa... Lo tenía todo para él. Cada vez que la miraba sentía cómo el corazón se le encogía en el pecho. Sufría cuando pensaba en ella, y en que no se atrevería nunca a decir lo que sentía. Pese a que hacía tonterías delante de toda España, no era capaz de acercarse a Anna y decirle lo que sentía. Soñaba con tener un poco de valentía para acercarse a ella y contárselo todo.
Aquel día era un viernes más. Mediados de octubre, no tenía nada de especial. El sábado y el domingo se iría a hacer una actuación, primero en Sevilla y luego en Huelva. Quequé le había convencido de que en Huelva tendrían la actuación casi en primera línea de playa. Hacía demasiado frío para bañarse, pero a Dani le gustaba la playa, así que se alegró cuando Quequé se lo anunció.
Cuando el programa ya había acabado y Dani, Anna y Flo estaban hablando con el público y firmando autógrafos, Dani miró a Anna; solo un segundo, pero en ese preciso instante Anna le miró. Sus miradas se cruzaron un segundo, y Anna apartó la mirada. Dani sacudió la cabeza y siguió hablando con el público.
-Dani, ¿puedes venir a hablar?-dijo Anna cuando estaban de camino a los camerinos.
-Sí, claro-respondió Dani inmediatamente. Entraron en el camerino de Anna. Se sentaron en un sofá que había en él, y Anna trató de empezar la conversación.
-Dani, necesito decirte algo-ni siquiera sabía qué era lo que quería decir. Anna había empezado a sentir algo extraño por Dani, pero se negaba a sí misma ese sentimiento, ya que tenía novio.
-Dime. Puedes decirme lo que quieras-Dani la miró fijamente a los ojos, aunque esto le suponía un esfuerzo. Le daba mucha vergüenza estar con ella a solas, hablar con ella seriamente, mirarla a los ojos...
-Dani, últimamente has tenido algunos detalles-Anna consiguió empezar-; me gusta que digas que estoy guapa y todo eso, de verdad. Pero... Dani, tengo novio. Estoy con Miki.
En ése momento Dani sintió como si algo dentro de él se hubiera roto. No se movió, pero por dentro tenía ganas de salir corriendo, alejarse del mundo.
-Bueno... Eso... Está bien...-Dani trató de disimular lo que sentía.
-Ya... Creía que tú podías...-Anna desaba que Dani hubiera dicho que la quería, pero eso no sucedió.
-No. Tranquila. No pasa nada. Feliz finde, que os lo paséis bien. Adiós, rubia mía-Dani fingió una sonrisa mientras la llamaba "rubia mía", como solía hacer, y salió del camerino de Anna, totalmente destrozado. Corrió a su camerino, se cambió de ropa y salió casi corriendo a su casa. Nada más llegar se tumbó en la cama. Se encogió, sintiendo como si una mano invisible apretara sin compasión su corazón. Lloró desconsolado, como si fuera un niño. De pronto oyó su móvil sonar dentro de su bolsillo. Lo ignoró un momento, pero
se obligó a secarse las lágrimas para cogerlo. Era un mensaje, de Anna.
<<Dani, lo siento mucho, de verdad. Llámame si quieres.Besos, Anna.>>
Dani lo leyó confuso. Lo que le había dicho Anna le había hecho daño, pero suponía que ella no tendría ni idea. Decidió contestarla, y le envió otro mensaje.
<<¿Perdón?¿Por qué? No tienes por qué pedirlo. Te veo el lunes, Dani.>>
Anna no volvió a responder. Dani estaba realmente confuso. Se duchó, intentando pensar en otra cosa, y se hizo la cena mientras escuchaba música en su iPod. Necesitaba quitarse a Anna de la cabeza. Cada día pasaba más tiempo pensando en ella.
Dani pasó el viernes con sus amigos, actuando. Hizo un monólogo, estuvo de fiesta con sus colegas... Lo pasó bien. El domingo, en cambio, al acabar la actuación dijo que se encontraba mal, y se fue directamente. Se acercó a la playa. Se quitó las converses que siempre solía llevar, y caminó por la orilla, dejando que el mar mojara sus pies y sus vaqueros. Pensaba en Anna, y en lo tonto que era perdiendo el tiempo pensando en ella. Después de un rato se sentó en la arena, mirando las olas. Su móvil empezó a sonar. Era Anna. Lo cogió, con ilusión, tratando de parecer tranquilo.
-S...¿Sí?
-Emmm... Hola, Dani. ¿Qué tal?-Anna le había llamado casi sin pensar. Solo quería escuchar su voz, no sabía qué decir.
-Bien. Estoy... Estoy en Huelva, he tenido actuación.
-Ah, ¿sí? ¿Y qué tal?-se interesó Anna.
-Bien. La gente de aquí es muy simpática.
-Ya...¿Dónde estás ahora?
-Estoy en la playa. Me he cansado de tanta gente y me he acercado. Esto es muy tranquilo.
-Supongo que será muy bonito...-Anna oyó la puerta de su casa, y se despidió rápidamente-. Oye, Dani, lo siento, te tengo que colgar. Un beso, adiós.
-Adiós-Dani oyó cómo colgaba, sin poder decir nada más.
-¿Con quién hablabas, Anna?-espetó Miki a modo de saludo.
-Con una amiga. ¿Pasa algo?-Anna se extrañó frente al comportamiento de Miki.
-¿Una amiga? ¿Y esa amiga no será el tal Dani que trabaja contigo?-Anna sintió como si estuviera entrando dentro de algo demasiado íntimo.
-No. Era una amiga. ¿Te tengo que pedir permiso para hablar con alguien?-dijo, poniéndose a la defensiva.
-Si era una amiga déjame ver tu móvil-pidió tendiendo la mano.
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