-Bueno, tengo algo de prisa, yo...-trató de excusarse Dani.
-Prisa por escapar de mí, ¿no?-se quejó Anna- Estábamos súper bien y de pronto parece que te vaya a morder si te acercas.
-No, Anna, yo...-Dani se dio cuenta de que tendría que sincerarse-. ¿Quieres pasar a mi camerino y hablamos más tranquilos?
Anna afirmó con la cabeza y ambos pasaron al camerino se Dani. Cuando se sentaron en el sofá, Dani trató de explicarse:
-Anna, tú eres una persona impresionante. Nunca me he entendido tanto con una persona como contigo, pero... Joder, tú me dijiste que te cabreaste con Miki porque él decía que siempre estaba tirándote los trastos. Y no quiero que lo pases mal por mi culpa. Es... empatía. Me pongo en su lugar, y si tú... si mi novia estuviera aceptando halagos de otro tío, supongo que podría ponerme celoso. No digo que yo actuara igual, pero le entiendo.
-¿Por qué tenéis que complicarlo todo?-se quejó Anna- Miki se cabrea conmigo porque no confía en mí, y tú dejas de hablarme porque no quieres poner celoso a Miki. ¿No podéis hacerlo más sencillo?
-Bueno, lo siento...-se disculpó Dani-. Yo solo lo hago porque quiero verte feliz. Y si tu novio te deja, será difícil que lo seas.
-No te preocupes, Dani. Son mis problemas. Joder, eres tan bueno con los demás... Gracias por preocuparte tanto por mí.-Anna le revolvió el pelo cariñosamente.
-Ey, Anna, ¿has vuelto a hablar con Miki?-recordó Dani.
-No. Supongo que le llamaré o algo; quiero dejar claras las cosas.
-Pues suerte cuando hables con él.
-Gracias. Me voy-Anna se levantó, y justo cuando iba a cerrar la puerta vio cómo Dani empezaba a cambiarse de ropa. No pudo evitar ver cómo comenzaba a quitarse la camiseta, y sonrió levemente.
Cuando llegó a su casa, cansada de toda la semana, se sentó a ver la tele, pero a los pocos minutos se quedó dormida. La despertó el ruido de la puerta al abrirse. Era Miki.
-Hola-dijo, aún medio dormida.
-Hola-dijo Miki fríamente.
-¿Pasa algo?-preguntó Anna ante su actitud.
-Tú dirás. Eres tú la que hablas con tus amiguitos a mis espaldas-dijo, más tranquilo.
-Miki, joder, tengo amigos-se quejó Anna, tratando de cogerle de la mano.
-Ya. Pues a mí mis amigas no me dicen todos los días lo guapo que estoy, lo bien que hago todo y lo bonita que es mi sonrisa-alegó Miki, apartando la mano de Anna.
-¿Sabes qué?-Anna había tomado una decisión- Una relación se basa en el amor y la confianza. Cada día te quiero menos, y tú no confías nada en mí. ¿Por qué deberíamos seguir juntos?-Anna sintió miedo al decir estas palabras, pero sabía que era lo mejor.
-Tienes razón. Todo lo que yo he hecho por tí, todo lo que he sacrificado... ¿Qué importa si no acepto con agrado que los demás estén detrás de ti?
-Miki, gracias por todo lo que has hecho por mí, y por todos los momentos que hemos pasado juntos; pero yo no puedo estar con alguien a quien no ame. Y menos si a quien amo es otra persona. No quiero hacerte daño.
-Lo sabía-dijo Miki, apretando la mandíbula con rabia-. ¿Cómo quieres que no estuviera celoso de alguien de quien te estabas enamorando, Anna?-Miki se estaba empezando a enfadar.
-Lo siento Miki. No es culpa tuya, yo solo...
-Cuando te des cuenta de que me quieres, volverás con el rabo entre las piernas. Pero tú te lo pierdes. Vete a por ese idiota de Daniel, corre. Zorra.
-Adiós, Miki.-Anna se quedó algo aliviada de que Miki lo supiera. Sin decir nada más, Miki salió de la casa de Anna. Ella en un primer momento estaba tranquila. Pero enseguida se dio cuenta de que Miki era una buena pareja, y que en ese momento no tenía nada. Pasó la tarde indecisa, pensando, tratando de decidir qué hacer.
Dani siguió como el miércoles y el jueves: llendo a correr un poco por el parque que había cerca de su casa, escuchando música para no pensar en lo que había hablado con Anna.
El sábado por la mañana a Dani le despertó el tono de su móvil. Eran casi las doce, había dormido mucho. Lo cogió sin siquiera abrir los ojos. Emitió un sonido incomprensible, que Anna interpretó como un "hola".
-Hola, Dani. Te he despertado, ¿verdad?-preguntó Anna.
-Un poco-admitió él.
-Lo siento...
-No, tranquila. Si ya estaba a punto de levantarme...-trató de quitarle importancia Dani-. Bueno, tú dirás.
-Bueno, quería decirte que... Necesito hablar contigo. Estar contigo. Sé que es raro, pero... ¿No podemos quedar esta tarde?
-Sí. ¿En mi casa?-dijo Dani, sorprendido ante la petición de Anna- ¿Sabes dónde vivo?
-No...-Anna se dio cuenta de su exceso de confianza, pero Dani la convenció de que le daba igual. Le dio su dirección y quedaron a las 6 de la tarde. Anna colgó con una extraña sensación. Nervios, miedo, arrepentimiento... Demasiadas cosas.
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