martes, 21 de junio de 2011

Parte 42

Pasaron 2 días muy raros. Ella no decía nada a Pablo, de hecho se había distanciado un poco de él, porque no estaba cómoda al no contarle la verdad; pero todavía no estaba preparada. Dani seguía insistiendo en que hiciera lo que ella creyera que debía hacer, sin pensar en hacerle daño a él.
Después de esos dos días, Anna había tomado una decisión. No era fácil, tampoco lo más correcto, pero ya nada importaba sobre lo bueno y lo malo.
-Total, voy a ir al infierno de todos modos...-solía bromear con Dani.
Anna se decidió a hablar con Pablo.
-Dani, yo... Voy a hablar con Pablo. Por favor, perdóname, no quiero hacerte esto...-dijo, abrazándole.
-Anna, joder...-Dani le dio un beso en la mejilla, y la separó con delicadeza- Te he dicho que hagas lo que tengas que hacer y que no te preocupes por mí. Yo no soy nadie para decidir a quién quieres o con quién estás.
Anna sonrió. Dani le daba fuerzas en cualquier momento. Llamó a Pablo, nerviosa.
-¿Anna?-dijo él al cogerlo.
-Hola, Pablo...
-¿Qué tal? ¿Pasa algo?-preguntó extrañado Pablo- No me sueles llamar...
-Ya... Oye, ¿podemos quedar? Tengo que hablar contigo.-Anna se esforzaba por parecer tranquila.
-Claro. Yo estoy en mi casa. Si quieres ven. O si prefieres ir a algún sitio... A mí me da igual
Anna respiró hondo.
-Vale. Voy a tu casa, estaré ahí en media hora, ¿vale?-respondió con voz temblorosa.
Fue caminando hasta la casa de Pablo. Estaba nerviosa; tenía claro lo que iba a decir y hacer, pero notaba cómo las palabras que tenía pensadas se dispersaban lentamente, y se convertían en un conjunto de letras sin significado alguno.
Llamó al timbre, muy nerviosa, sin tener ni idea de lo que diría.
-Pasa, Anna-pidió Pablo cuando abrió la puerta.
Ambos se sentaron en el sofá. Anna movía la pierna, muy nerviosa.
-Bueno... Pues... Cuando quieras-animó Pablo.
-Yo... Pa-pablo... Ehhh...-Anna hablaba torpemente.
-¿Quieres tomar algo?-cortó Pablo al ver lo nerviosa que estaba.
-Sí, por favor.-pidió Anna.
Pablo volvió a los pocos segundos con un par de Coca-Colas, y le ofreció una a Anna. Ella la abrió y bebió ávidamente.
-Vale, allá voy...-Anna cerró los ojos y respiró hondo- Pablo, yo... Lo siento, sé que me he portado raro últimamente, pero es que yo... Siento algo por ti, y no tengo claro qué debo hacer...-consiguió decir.
-Anna, Dani...-Pablo inmediatamente pensó en Dani.
-Él lo sabe. Y dice que haga lo que crea que tengo que hacer. Y creo que debía decírtelo.
-Anna, tú... Joder, tú me gustas un montón. Nunca había sentido algo tan fuerte por nadie. Pero Dani es mi amigo, y no quiero hacerle esto...
Anna se quedó sin palabras.
-Lo... Lo siento...-Pablo se apartó un poco de Anna, y bebió un poco más de Coca-Cola, nervioso.
-No, Pablo, si...-Anna escondió su cara entre sus manos, encogiéndose. No pudo evitar llorar- Yo tengo la culpa de todo. Os estoy haciendo sufrir a los dos. Os quiero y no sé qué hacer...
Anna, de pronto, se levantó del sofá. Pablo la cogió suavemente del brazo, pero ella salió corriendo, sin darle tiempo a decir nada más.
Anna no sabía qué hacer. Empezó a correr por la calle, llorando. Ni siquiera podía ver por dónde iba. Las lágrimas llenaban sus ojos, y corría sin importarle nada.
De pronto, sin darse cuenta, cruzó una calle. Un coche, debido a la poca visibilidad de esa calle, no la vio, y la atropelló sin poder evitarlo. Paró enseguida, y bajó corriendo. Anna estaba inconsciente y tenía muchas heridas. El conductor llamó enseguida a una ambulancia. Después de unos minutos, la ambulancia llegó, y la llevaron rápidamente a un hospital.

Dani estaba en casa, con Sara. Estaba impaciente por saber qué había hecho Anna con Pablo. De pronto su móvil empezó a sonar. Vio en la pantalla el nombre de Anna.
-Hola, cariño-dijo, tratando de parecer indiferente.
-Buenas tardes, ¿es usted alguien cercano a la señorita Anna Simón?-preguntó alguien que no conocía.
-Sí, soy su... pareja. ¿Quién es usted? ¿Le pasa algo a Anna?-preguntó nervioso.
-Tranquilícese, por favor. Anna ha sido atropellada. Está en el hospital Sagrado Corazón, en la habitación 362. No sabemos cuál es su estado actual.
-Gracias. Voy enseguida.-Dani colgó rápidamente. Cogió a Sara en brazos, y se acercó a casa de Romina, que estaba a un par de minutos.
-Romina, Anna está en el hospital-dijo atropelladamente cuando llegó-. ¿Puedes quedarte con Sara? Me voy corriendo.
-Claro, Dani. Llámame en cuanto sepas algo-pidió-. Ten cuidado.
Dani condujo hasta el hospital, tratando de no perder los nervios.
-Joder, siempre me pasa a mí todo lo malo. No voy a poder estar bien un puto día en mi vida...-masculló cuando se encontró con un atasco.

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