martes, 21 de junio de 2011

Parte 41

Se pasó toda la noche casi sin dormir, comiéndose la cabeza con las mismas preguntas una y otra vez.
Al día siguiente decidió que hablaría con los dos, y les explicaría todo, porque no aguantaba ocultarles sus sentimientos. Dio las gracias a Romina, y se despidió de ella y de Nacho. Volvió a casa, y Dani estaba en el salón, jugando con Sara.
-Hola, cariño.-dijo, poniéndose de pie para darle un beso. Notó a Anna tensa, pero no dijo nada.
-Dani, quiero hablar contigo...-dijo, nerviosa. Él se sentó en el sofá con ella.
-Dime.
-Dani, no sé si esto... Es difícil de explicar. No quiero hacerte daño...-aceptó, con lágrimas en los ojos. Dani le secó las lágrimas con el dorso de la mano, y, sonriendo cálidamente trató de tranquilizarla.
-Eh, eh... No pasa nada, Anna. Sabes que me puedes contar cualquier cosa, cariño. De verdad, te entenderé.
-Vale...-aceptó ella, respirando hondo- Dani, creo que... Creo que estoy empezando a sentir algo por Pablo-dijo atropelladamente. Él se quedó en silencio. Bajó la cabeza, sin abrir la boca.
-Joder, Dani lo siento. Pero no quería ocultártelo.
-No-cortó él-, no pasa nada. Prefiero que me lo hayas dicho. Si... Si no te importa, voy a dar una vuelta... Necesito pensar. Y... Lo siento-dijo, con un hilo de voz. Anna cogió el rostro de Dani entre sus manos, y le susurró:
-No, Dani, no es culpa tuya. De verdad...
-No eres tú, soy yo, ¿no? Anna no pongas excusas, no hace falta.-Dani se levantó y salió de casa, serio. Anna se quedó un momento en silencio. Se puso a llorar y Sara se acercó, hablando bajo.
-Mami, ¿qué te pasa? ¿Te ha dicho Dani algo malo?-preguntó con inocencia.
-No, cariño, no. Es que... Me he dado un golpe con la mesa y me he hecho daño...-mintió Anna, fingiendo una sonrisa. Cogió en brazos a Sara, y la abrazó llorando.

Dani estaba sentado en un banco en la calle. Escuchaba música a todo volumen en su iPod. Tenía un nudo en la garganta, y luchaba para que sus ojos llenos de lágrimas no rompiesen en llanto. Se quedó un buen rato pensando, y decidió volver a casa y hablar tranquilamente con Anna.
Anna abrió la puerta de casa y vio a Dani, con la cabeza baja, serio. Tenía los ojos rojos, y Anna le abrazó con fuerza.
-Perdóname, Dani. Por favor...-él se separó despacio. Pasó a la casa y se sentó en el sofá.
-Anna, tú no tienes culpa de nada, ¿qué quieres que te perdone? Anda, ven aquí.-pidió. Anna se sentó con él en el sofá.
-Cielo, yo no digo que no te quiera, ¿vale? Te sigo queriendo tanto como antes. Pero ahora... También le quiero a él. ¿Me entiendes? Yo no quiero hacerte daño, pero tampoco quiero mentirte. No sé qué voy a hacer...
-Mira, Anna, yo sólo quiero decirte que tú no eres mía. Ya sé que ese gilipollas de tu ex-novio Miki parecía querer poseerte, pero yo sólo quiero estar contigo. No eres mía. Y quiero que hagas lo que quieras y lo que sientas que debes hacer. No te guíes por no hacerme daño o por no engañarme, ¿vale? Anna, te quiero tantísimo... Además, Anna, yo te he hecho tanto daño que no me puedo quejar. Además, tú no tienes la culpa de sentir lo que sientes, ¿vale?-Dani estaba tranquilo, serio y comprensivo. Anna empezó a llorar, apoyándose en su hombro. Dani le acarició el pelo despacio.
-Dani, joder, es que tú eres tan bueno... Me tratas bien, me quieres un montón y encima te digo esto y te lo tomas... así. Gracias, Dani. De verdad.
-Anna...¿Puedo hacerte una pregunta?-dijo Dani, cauteloso.
-Claro-respondió ella enseguida.
-Anna...¿Has pensado qué hacer? Si quieres pensar, puedes tomarte todo el tiempo que quieras, pero...¿Has decidido algo ya?
-No. Creo que... Creo que hablaré con él, pero no sé... Oye, Dani, gracias por tomártelo así, de verdad.-dijo Anna, abrazándole fuertemente.
-Anna, ya te lo he dicho. Tú no eres mía, y si tú quieres irte con otro, o irte y volver o... No sé. Haz lo que te de la gana, porque yo no mando sobre ti y no soy nadie para decirte lo que tienes que decidir.
Anna le miraba a los ojos. Esos ojos pardos que tanto le gustaba mirar. Cada mañana cuando se despertaba, y él entreabría los ojos con una sonrisa, y podía verlos. Profundos, preciosos, únicos.
Le dio un fuerte abrazo, y empezó a llorar sin darse cuenta. Dani le volvió a secar las lágrimas con cuidado.
-Anna, por favor, no llores...
-Es que eres tan jodidamente perfecto que me odio muchísimo por estar haciéndote esto... Dani, mírame a los ojos y dime que no te jode. Absolutamente nada.-pidió Anna, seria.
-No... No me...-Dani suspiró- Bueno, vale. No te puedo decir que no me joda absolutamente nada. Pero no quiero que pienses en mí. Sino en él y en lo que sientes, que es lo que importa, ¿vale?-dijo él, besándole despacio.
Anna le respondió con otro beso, y Dani la tumbó en el sofá y empezó a desnudarla con pasión. Ella hizo lo mismo, y fueron a la habitación. Hicieron el amor, y, cuando terminaron, se abrazaron. Anna estaba tranquila, relajada. Pero pensó en Pablo, y se puso nerviosa repentinamente.
-Abrázame-pidió a Dani. Se juntaron, como si no quisieran dejar ningún espacio entre ellos. Durmieron así, sin soltarse. Dani sentía que necesitaba a Anna, que no podía volver a perderla. Pero estaba totalmente convencido de lo que le había dicho. Anna no era suya, y era algo que él tenía muy claro. Ella debía decidir.
Anna estaba abrazada a Dani. Él olía su pelo rubio. Le encantaba cómo olía Anna. Anna no sabía qué hacer. En ese momento no había nada en el mundo que deseara más que a Dani... O quizás sí. No estaba segura de lo que quería, y no dejaba de repetirse la misma pregunta una y otra vez. ¿A quién prefiero? No podía responderse. Era como si la hubieran dado a elegir entre su padre y su madre. Ella se sentía débil.
<<Ojalá esto fuera una puta pesadilla.... Ojalá pudiera arreglarlo...>> Se repetía, con un nudo en la garganta.

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