Dani cogió a Sara en brazos, que estaba en la cuna, y los tres se tumbaron juntos en el sofá para ver una película de dibujos. Sara la miraba muy concentrada; se reía y respondía a lo que decían entusiasmada. Dani y Anna se miraban, simplemente queriéndose. Se besaron y cuando la película acabó, dieron de cenar a Sara y la acostaron.
-¿Qué quieres cenar?-preguntó Dani.
-Lo que quieras.-respondió Anna.
Dani fue a hacer la cena, y después de comer, se fueron a la habitación. Dani se tumbó boca arriba, y Anna se tumbó encima suyo. Le besó con vehemencia durante varios minutos, y le empezó a desnudar. Cuando estuvieron desnudos, se siguieron besando, mientras la temperatura seguía aumentando.
De pronto empezaron a oír a Sara llorar con mucha fuerza, llamando a Anna desesperadamente.
-Creo que le pasa algo-dijo Anna, levantándose. Dani se puso los calzoncillos y salió corriendo a la habitación de Sara. Ella no estaba. Abrió la puerta de la calle y oyó el llanto de Sara a lo lejos. Sin pensar en que estaba en calzoncillos, bajó las escaleras corriendo desesperadamente, y cuando llegó abajo vio un coche que se alejaba por la calle. Era de noche, así que no había ningún coche más. Intentó recordar la matrícula mientras corría detrás del coche.
-1896DHG...1896DHG...1896DHG...-repitió una y otra vez, a fin de acordarse. Se encontró de frente a Anna, que se había puesto encima una camiseta de Dani, y le miraba con miedo.
-Apunta, Anna-pidió Dani-. 1896DHG. Por favor.
Anna sacó su móvil del bolsillo y lo apuntó rápidamente.
-Dani, por favor, dime qué ha pasado. ¿Dónde está Sara, Dani?-suplicó Anna, llorando. Dani la abrazó, conteniendo las lágrimas.
-Anna, tranquila. Vamos... Vamos a vestirnos y vamos a la policía. Rápido, por favor.
-Dani, ¿qué ha pasado?-volvió a preguntar, nerviosa.
-¡No lo sé! No lo sé,¿vale?-respondió, gritando y llorando- Sólo he visto un coche irse muy rápido, y me he apuntado la matrícula, por si podía servir de algo. No tengo ni puta idea de quién ha sido, ¿vale?-respondió, derrumbándose y llorando.
Anna de pronto sintió que le fallaban las piernas. Se abrazó a Dani para no caerse, y escondió su cabeza en el pecho de éste sin dejar de llorar.
-Eh, Anna, escúchame-pidió Dani, cogiéndole la cara entre sus manos-. Cuanto antes vayamos, más fácil será saber quién ha sido. Vamos arriba y...
-Ha sido Miki-cortó Anna, dejando de llorar-. Estoy segura de que ha sido él. El muy hijo de puta... Seguro que ya ha salido de la cárcel y.... Vino a por Sara...
Dani y Anna subieron a la casa, derrumbados, pero con muchos nervios. Se vistieron a toda prisa, y Dani, que se supo sobreponer mejor al miedo, condujo hasta la comisaría más cercana, intentando sin éxito tranquilizar a Anna.
-Díganme-dijo la recepcionista cuando llegaron.
-Han secuestrado a nuestra hija. He visto a un coche alejarse y he apuntado la matrícula.-explicó Dani, lo más tranquilo que pudo.
-De acuerdo. ¿Dónde estaban ustedes y dónde estaba su hija en el momento de su desaparición?-preguntó mientras escribía rápidamente en el ordenador.
-Nosotros estábamos en nuestra habitación, y la niña estaba durmiendo en su habitación. De pronto la oí gritar y llorar, y cuando fuimos a por ella... Ya no estaba.-explicó Anna, casi sin poder contener las lágrimas. Agarró a Dani de la mano, mientras cerraba los ojos con fuerza.
-De acuerdo. Entonces ustedes estaban en la habitación, la niña gritó y cuando fueron no estaba. Usted-continuó, mirando a Dani- bajó a la calle, vio un coche y anotó la matrícula. ¿En qué momento pasó eso?
-Hace... Unos cinco minutos, hemos venido lo más rápido que hemos podido.
-De acuerdo, demen sus nombres, la matrícula y sus DNIs.
Después de un poco de papeleo, Dani y Anna acabaron de explicarlo todo. De pronto, de una sala contigua, salió un hombre de unos cuarenta años, muy serio. Se acercó a la mesa en la que ellos estaban y habló con la chica.
-Diana, esto que me acabas de pasar...
-Sí. Son ellos-indicó, mirando a Dani y Anna.
-Buenas noches, soy el inspector de policía Juan Pedro Gemio. ¿Tienen alguna idea de quién podría haber sido?
-Sí-dijo Anna, muy segura de sí misma-. Hace más de dos años mi ex-novio me violó y estaba en la cárcel desde entonces. Hace unos días mi abogado me dijo que estaba a punto de salir. Él... Está loco. Tengo mucho miedo de qué le puede hacer a mi hija. Él estaba obsesionado conmigo. Era muy celoso, y ella es mi hija con otro nombre... Por favor, señor, tengo mucho miedo. Haga lo que pueda, pero hágalo rápido.
-De acuerdo, señorita-respondió el policía, muy serio-. ¿Cree que usted o su pareja podrían estar en peligro?
-No. Supongo que no... No sé qué coño quiere...
-De acuerdo, si usted considera que no hay peligro, lo mejor que pueden hacer es volver a casa, tratar de tranquilizarse y, si el secuestrador se pusiera en contacto con ustedes, avisar inmediatamente a la policía. Yo me pondré a trabajar inmediatamente, y les aseguro que volverán a estar con su hija lo antes posible.
-¡¿Que vaya a casa y me tranquilice?! ¡Ese tío ha violado a mi novia! ¿Cómo quieres que esté tranquilo cuando está con mi hija?-gritó Dani, fuera de sí. Anna le cogió del brazo y le pidió con la mirada que se tranquilizara. Él bajó la cabeza.
-Perdón. Perdón, es que estoy muy nervioso. Nos... Nos iremos a casa y... Llamaremos si pasa algo...
-Miren, si quieren quedarse más tranquilos, les daré mi número personal, y así yo les escucharé personalmente.
-Gracias, señor Juan Pedro... Por favor, avísennos lo antes posible de las novedades.
Anna y Dani volvieron a casa, abatidos. No habían perdido la esperanza, pero se veían impotentes.
Anna, al llegar, fue a la habitación de Sara. Encontró una nota en la cama de Sara, y la leyó temblando.
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