Anna se tumbó con él en la cama, y le abrazó.
-Lo siento, Dani. Tendría que haberte avisado.
-Pero bueno, ya está todo arreglado.
-Todavía no me puedo creer que mi madre haya aceptado que tenga una hija y que no esté casada... Me acuerdo de una vez cuando estaba en el instituto. Como esto es un pueblo muy pequeño, los rumores se extienden muy rápidamente. Una chica de mi clase, con 17 años, perdió la virginidad, y a los pocos días lo sabía medio pueblo. Mi madre se escandalizó, diciendo que no podía creer que gente así estuviera tan cerca de alguien así. Hasta que no le juré que yo no lo había hecho, no se quedó tranquila.
-Lo siento mucho. Que todo esto te esté pasando solo por mí me hace sentir fatal. Si yo no hubiera aparecido en tu vida, no te habría pasado nada de eso.
-Dani, si tú no hubieras aparecido en mi vida, yo ahora sería muy infeliz. Probablemente todavía no habría superado lo de Miki, y no tendría a Sara conmigo. Si no te hubiera conocido, nunca podría hacer esto.-Anna se acercó a la boca de Dani, besando por el camino su pecho y su cuello. Cuando llegó a su boca, sus labios se juntaron, haciéndoles sentir unidos una vez más, besándose, haciendo el amor, demostrándose cuánto se querían, sin censuras ni miedos. Anna amaba la sensación de estar con Dani. Estar juntos, besándose, hablando, simplemente queriéndose como nunca habían querido a nadie ni a nada. El tiempo se les hizo eterno, y pasaron la noche hablando, mientras jugaban con sus lenguas en la boca del otro, sintiendo una irrompible unión entre ambos. Dani, por un momento, pudo sentir que sus sentimientos hacia ella siempre serían así. Porque Anna era su vida, y sin ella, no sabía cómo continuar. La besaba, la miraba, admirando su belleza, agradeciendo la suerte que tenía de estar con ella.
Anna nunca se había sentido como esa noche. Siempre estaba bien con él, pero esa vez, estando en su casa, desnudos, juntos, sin vergüenza y sin prisa. Todo fue muy lento, pero a la vez muy rápido. Se divertían y al mismo tiempo era algo profundo. Tenían ganas de reír y tenían ganas de llorar. Se amaban. Y era algo tan fuerte que no sabían expresarlo.
Después de 4 meses, un día, viernes, Anna quedó con Romina. Quería explicarle lo que llevaba un tiempo dando vueltas. Le tenía miedo a la simple idea, pero no lo podía evitar. Fue a casa de Romina, con la excusa de que quería pasar un día con ella. Dani no puso inconvenientes.
-Hola, Anna, cielo.-dijo Romina cuando Anna llegó.
-Hola, Romi. ¿Qué tal?-Anna trataba de parecer animada, pero Romina la conocía demasiado bien, y sabía que le estaba dando vueltas a algo.
-Venga, vamos a sentarnos. He hecho palomitas, así que empieza a contar. No te enrolles, sabes que puedes confiar en mí.
Anna, suspirando, se sentó en el sofá, y cogió un puñado de palomitas y empezó a hablar.
-Romina, tú ya sabes que Dani es el hombre de mi vida. Que le adoro, que... Joder, es un cielo y es el padre de mi hija...
-Pero...-continuó Romina.
-Pero ya sabes quién es Pablo Muñoz. Y es tan cercano a mí... Es que... No sé lo que siento por él. Y estoy muy confundida. Lo último que querría hacer es herir a Dani, pero es que le veo cada día, y él me sonríe, me escucha, me dice piropos... No sé, Romi, es que no sé...-Anna tenía un nudo en la garganta.
-Anna, ¿qué es lo que sientes por él? Ya sabes que conmigo puedes ser todo lo clara que quieras.
-Pues... No sé... Es mucho más que amistad, pero no es ni la mitad de lo que siento por Dani. Es algo muy... raro. Joder, Romi, y es que yo intento no pensarlo, pero es inevitable; entre Dani y él... Les veo todos los días, y les quiero a los dos.
-Anna, creo que no deberías preocuparte tanto por no hacer daño a Dani. Vale, le quieres y todo eso, pero no quita que él te hizo mucho más daño y...
-¿Y qué?-cortó Anna, seria- ¿Es que que Dani me haya hecho daño significa que yo se lo tengo que hacer a él? Lo siento Romina, pero yo no puedo hacer eso.
-Prueba. Anna, sólo te digo eso. Díselo a Dani si quieres, y si Pablo quiere, pues prueba. No creo que vaya a pasar nada. Tienes que saber lo que sientes, no puedes quedarte indecisa, sin saber si haces bien toda la vida.
-Romina, cuando Dani hizo... Hizo lo que hizo, él estaba borracho. Pero aunque no lo hubiera estado, sólo fue sexo. Tú estás diciendo que engañe a Dani con alguien por quien siento algo. Romina, no me puedo permitir hacerle eso. Nunca me lo perdonaría.
-Anna, yo te he dado mi opinión. Eres tú quien debe decidir.
Ese día Anna decidió quedarse a dormir en casa de Romina. No sabía qué iba a decidir, pero prefería decidirlo lejos de ambos, de Dani y Pablo. Cuando iban a empezar a cenar, alguien entró en la casa de Romina.
Anna se quedó sorprendida al verle; era Nacho.
-Nacho, ¿tú que haces aquí?-preguntó sin pensar.
-Pues... Vivo aquí-respondió, como si fuera algo ovbio. Anna miró a Romina.
-Joder, Romi, qué tonta soy. Me he enrollado tanto con mis movidas que no te he dejado decirme nada...
-No pasa nada, Anna. Puedes dormir en la habitación de invitados, te lo iba a decir ahora.
-Vale. Muchas gracias, Romi.
Después de cenar Anna se fue a acostar.
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