Al día siguiente, se despertaron pronto. Anna se duchó y desayunó nerviosa, mientras Dani hacía lo mismo más relajado.
Anna se arregló mucho, y pidió a Dani que él también lo hiciera. Cuando Dani salió de la habitación, Anna y él se miraron de arriba a abajo, admirándose.
Era mayo, pero ése día hacía calor. Anna se puso un vestido de gasa, turquesa, muy fino y fresco, y unos tacones bajos.
Dani llevaba una camisa blanca con una corbata negra, unos vaqueros y sus Converse rojas.
-Qué guapo, cariño...-admiró Anna, sonriendo.
-Tú sí que estás guapa.-replicó Dani, besándola.
-¿Y yo?-dijo Sara.
-Tú más, mi amor.-respondió Dani, cogiéndola en brazos. Anna le había puesto un vestido rosa y unas coletas.
Fueron caminando hasta la casa de los padres de Anna, que quedaba a unos 10 minutos caminando.
Cuando llegaron, Anna cogió a Sara en brazos y llamó al timbre. Mientras esperaba, sentía cómo empezaban a temblar sus piernas. Dani la rodeó con su brazo, y en ese momento abrió el padre de Anna. Les miró un momento con odio, y salió muy enfadado hacia Dani.
-Tú, hijo de puta, ¿sabes que le has jodido la vida a mi hija? ¿Cómo te atreves a venir aquí, mamón?-le empujó con fuerza, haciéndole retroceder un par de pasos. La madre de Anna, al oír a su marido se acercó a la puerta.
-Creí haberte dicho que no quería que volvieras.-dijo seriamente a Anna. Ella bajó la cabeza, sin saber qué decir.
-Papá, por favor. Deja a Dani...-pidió sin levantar la cabeza- Si me dejáis... Si me dejáis pasar puedo explicaros lo que ha pasado y...-Anna estaba muy nerviosa. Le costaba mucho hablar. Sus padres se miraron un momento; sin quitar su cara seria, les dejaron pasar. Anna y Dani se sentaron en el sofá, nerviosos. Sara, que estaba en brazos de Anna, estaba callada, observándolo todo, un poco asustada y desconcertada.
-Papá, mamá, éste es Dani. Dani, éstos son Enric y Dolores, mis padres-presentó Anna, con la voz temblando.
-Anna, después de lo que hizo este... ser humano-dijo Enric, mirando con desprecio a Dani-, no sé cómo se te ocurre traerlo a esta casa.
-Papá, mamá, por favor, dejad de estar a la defensiva y escucharme un momento-pidió Anna. Ellos se sentaron, un poco más tranquilos-. Dani está conmigo otra vez.
-Pero Anna, ¿después de lo que te ha hecho, le perdonas?-inquiró su padre. Su madre permanecía en silencio, seria.
-Papá, estoy enamorada de él, y él de mí. Y se arrepiente. Yo le he perdonado, ¿no podéis hacer vosotros lo mismo?
La madre de Anna seguía seria, pero habló:
-Anna, ya sabes lo que pienso sobre lo que has hecho.
-¿Qué ha hecho?-se atrevió a preguntar Dani, sin darse cuenta de su error.
-¡¿Que qué ha hecho?! ¿Es que a ti no te han educado en la fe católica?-preguntó muy enfadada.
-Sí. Pero Anna no he hecho nada malo, ¿no?-volvió a preguntar Dani, que no la entendía.
-¡Anna se ha acostado contigo fuera del matrimonio!-respondió Dolores, gritándole. Dani se quedó sorprendido. No sabía que la madre de Anna fuese tan extremista. Lo extraño habría sido que, en estos tiempos, Anna hubiera llegado vírgen al matrimonio. Así lo creía él, pero guardó silencio, por miedo a empeorarlo más.
-¿Y pensáis seguir así, viviendo en pecado, sin casaros?-preguntó mirando a Anna.
-Sí, mamá-respondió Anna, convencida, ante la sorprendida mirada de su madre-. No nos queremos casar.
-¿Cómo puedes renunciar a todos los principios que yo te he inculcado?
-Mamá, esos son tus principios. Es mi vida, es mi fe, y Dani y yo somos quienes tenemos que decidir. Lo siento, mamá; pero eso no es lo que yo creo. Es lo que tú crees.
-Vale, que queráis casaros o no me da igual-habló Enric-, pero no me creo que, después de lo que te ha hecho, le puedas perdonar sin más, y que volváis a estar como antes.
-Pero papá, él está muy arrepentido. Dice que cuando pasó él estaba borracho, que no era consciente, y ha pasado todo este tiempo martirizándose.
´-No me lo creo.-respondió secamente Enric, que estaba más preocupado por que Dani lo volviese a hacer que por si se casarían.
-Enric, desde que me fui de casa de su hija hasta hace 4 meses, yo pasé los días en la calle; perdí el contacto con mis amigos, con mi familia. Mi vida sin Anna no tiene sentido. Y pasaba los días vagando por sitios desconocidos para mí, odiándome por lo que había hecho. Lo siento. Ya no sé cómo pedir perdón. Yo... Si pudiera volver atrás, en el jodido momento en el que me puse a beber... No espero que me perdonen, sólo quiero hacer feliz a su hija, porque verla feliz es lo único que me hace feliz a mí.-Dani miraba a Enric y Dolores, sinceramente, limpiamente. Ellos se miraron, y Dolores se levantó, con los ojos llenos de lágrimas. Se acercó a su hija y la abrazó con fuerza.
-Perdóname, Anna. Sé que te he hecho mucho daño al responder así cuando viniste pidiendo ayuda. Pero es lo que creo. No puedo cambiarlo.
-Gracias, mamá. A mí me vale con que perdonéis a Dani.
-Yo no le tengo que perdonar-replicó ella-. Si tú le has perdonado, ya está todo dicho.
Dolores y Enric conocieron de nuevo a su nieta, a la que habían conocido poco después de nacer, y después, al enfadarse con Anna, no la habían vuelto a ver.
Pasaron el día los cinco juntos, hablando, conociéndose un poco mejor.
Cuando volvieron a casa de Anna por la noche, Dani se tiró en la cama, hecho polvo.
-No me habías avisado de que tu madre era ultra-católica y que se lo había tomado así-comentó Dani.
¡¡¡la virgen qeu extremismos tiene la madre!!!
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