Anna la miró con curiosidad, porque también le interesaba saber la respuesta.
-Mmmm... No sé... Nunca he tenido hermanitos.
Anna rió. Era obvio. La cogió en brazos.
-Pues dentro de un tiempo vas a tener un hermanito... O una hermanita.
Dani se puso a jugar con Sara. Después de un rato le sonó el móvil.
-¿Sí?-escuchó algo, y se levantó serio. Hizo un gesto a Anna de que se quedara con Sara, y se fue a la habitación.
Anna se levantó para escuchar lo que hablaba. Se acercó sin hacer ruido a la puerta, y se quedó al lado, apoyada en la pared.
-¿Cómo coño tienes mi número?
-...
-Mira, ya lo sé, pero ahora mismo no puedo.
-...
-No. No, no tengo novia. Vale, vale. Te daré el dinero. Pero después de que te lo de, ¿me vas a dejar en paz?
-...
-Mira, cuando te pedí... "eso" estaba pasando un momento muy jodido. Ya estoy bien, y sólo quiero olvidar ese tiempo.
-...
-Joder, que sí, que te he dicho que te lo daré. Llámame en un par de días y quedamos. Adiós.
-...
Dani colgó, serio. Anna abrió la puerta.
-¿Quién era?-preguntó seria.
-Era... Era mi madre, que quería saber...
-Daniel, ¿Quién coño era?-repitió, algo enfadada.
-Anna... No te lo puedo decir...-aceptó él.
-Dani, dime quién era. Te he escuchado.
-Anna, de verdad, es por tu bien. Es mejor que no lo sepas.
Anna empezó a llorar.
-Eres un imbécil-Anna fue cojeando hasta el sofá y se sentó cabreada-. Cada vez que confío en ti acabo llorando. No sé por qué seguiré creyendo en ti. Soy gilipollas...-Anna miró a Dani resentida. Él se sentó a su lado.
-Anna, joder, yo te lo quiero contar, pero... No quiero que te pase nada.
-Dani, quiero que confíes en mi. Me importa una mierda si me hace daño o no me hace daño. Dímelo.
Dani suspiró y cerró los ojos.
-Anna, hay algo que no te he contado de cuando yo... me fui.
-Dani, ya sé que en ese tiempo... Tú estuviste jodido. Dime qué pasó, por favor.
-Yo... Me ha llamado alguien que me vendió... Droga-Anna se sorprendió al oir eso-. Quiere que le de el diero que le debo.
-¿Por qué le has dicho que no tenías novia?-Dani notó cómo las lágrimas empezaban a caer por sus mejillas.
-Porque...-no pudo evitar ponerse a llorar- Anna, tengo mucho miedo de él. Pero de lo que de verdad tengo miedo es de que te haga algo. O de que le haga algo a Sara. Yo... No me lo perdonaría. Porque tú eres mi puta vida. Eres todo para mí. Y ahora tengo problemas porque hice el imbécil para intentar sentirme bien...
Dani se tapó la cara con las manos, tratando de ocultar su llanto. Anna le abrazó, y le secó las lágrimas.
-Dani, joder, no llores. Te quiero, ¿vale? Y yo te voy a ayudar y a apoyar en todo lo que necesites.
Él la miró a los ojos. Ella notó el miedo. El miedo de perderla. El miedo de no seguir siendo feliz. El miedo de que siempre se le jodieran los planes. El miedo de que ella cambiara. El miedo de que se fuera. Había tantos miedos que Anna sentía su dolor tan solo de mirarle. Le dio un abrazo, intentando darle fuerza.
-Gracias. Anna, gracias. Por favor, no me dejes, ¿vale? Es que... Me siento fatal... Pero te juro que en cuanto solucione esto, voy a dejarme de gilipolleces, y voy a estar contigo. Porque te lo mereces.
Dani la besó, y le dio un abrazo dulce.
Después de cenar, acostaron a Sara, y se fueron a la cama.
Dani besó a Anna, y se desnudaron como si no existiera el tiempo, como si no hubiera nada ni nadie más en el mundo.
Se tumbaron tranquilamente, y Anna apoyó la cabeza en el pecho de Dani, pasando el dedo por su tripa jugueteando.
-Dani...
-Qué pasa, amor.
-¿Qué te vendió ese tío?
-No sé, Anna. Eran pastillas. No lo sé, y, la verdad, ya que ahora estoy bien, me da igual.
-¿Cuánto le debes?-volvió a preguntar ella.
-Creo que... Menos de 1000. Hay que decirlo, es un cabrón. Pero prefiero darle lo que me pida con tal de que me deje en paz.
-Una última pregunta. ¿Qué piensas? ¿Qué piensas de ese tema, de mi embarazo, de todas las putadas que nos han pasado, de Pablo, de Romi y Nacho...? Nunca me dices lo que sientes o lo que piensas.
-De acuerdo. Pero eso tiene un precio-Dani sonrió pícaramente, y Anna le dio un beso. Pasaron la noche entera conversando, tumbados, perdidos entre las sábanas, conectando.
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