martes, 21 de junio de 2011

Parte 15

-Buenos días, cielo-Dani estaba tumbado en la cama, en calconcillos, mirando a Anna, que tenía puesta la camiseta de Dani.
-Hola...-dijo bostezando. De pronto recordó el viaje y la sorpresa. Se levantó de un salto y miró a su alrededor. Estaba en una habitación un poco pequeña, que tenía poco más que una cama de matrimonio, un armario grande y un sofá.
-¿Qué es esto?-preguntó divertida Anna.
-Mira por la ventana. Creo que te va a gustar...-respondió Dani.
Anna corrió a la ventana y apartó las cortinas. Una estampa preciosa se descubrió ante sus ojos. A través del cristal pudo ver varias casitas de pueblo, separadas entre sí, muy pequeñas y cubiertas de nieve. Estaba nevando y no se veía a nadie por la calle.
-¿Te gusta?-preguntó Dani, inseguro.
-¡Claro que sí, Dani! Esto es precioso... Me recuerda a mi pueblo...
-Sabía que te gustaría. He alquilado esta casita para el fin de semana, para estar los dos solitos...
Se fueron a desayunar, felices y abrazados.
-¿No tienes frío?-preguntó Anna.
-Bueno, tú llevas mi camiseta. No quería despertarte abriendo la maleta para buscar tu pijama, así que te la puse. Ni te enteraste, estabas durmiendo como un angelito-sonrió Dani.
-Oh, qué bueno eres, te sacrificas por mí, poniéndome tu camiseta...-ironizó Anna.
-Eh, que te he traído aquí para que te creas que soy bueno-se quejó Dani, riendo.
Anna terminó de desayunar y fue a vestirse. Se puso unos vaqueros, una camiseta de manga larga, una sudadera y un abrigo. Dani la miró con una sonrisa en la boca.
-Hasta así estás guapa. Cuando estás maquillada, vas guapa porque vas maquillada, y cuando vas natural vas guapa porque vas natural. Voy a estar contigo hasta que un día te vea fea-dijo riendo.
-Anda, habló aquí el feo. Que te mire por donde te mire no te veo defectos...-Anna besó a Dani, y él se separó.
-Espera, que luego se me olvida: Vamos a dar una vuelta ahora, luego cuando volvamos comemos, y por la tarde vamos a esquiar un poco, ¿vale?
-Mmm... Me gusta el plan-sonrió Anna, mientras Dani volvía a besarla.
Pasaron el día como niños, jugando con la nieve, gastándose bromas... Al volver a la casita estaban agotados y doloridos por todos las caídas de los esquís.
-Dani, haz tú la cena, porfii...-suplicó Anna, tumbada en el sofá.
-Porque me lo pide la chica más guapa del universo, que si no...
-Sí, yo la chica más guapa del universo y tú gay, ¿no?
-Pues de momento eres la chica más guapa que he visto, y eso no me lo puedes negar.
-Eres un cielo, niño. Pero haz la cena-rió Anna de nuevo.
-¿Niño? Si soy un niño no sé hacer la cena...-Dani se sentó en el sofá con Anna.
-Pues yo te puedo hacer hombre. Pero después de cenar, que tengo hambre. Si quieres te ayudo.
-No, no. Quédate aquí, ahora te llamaré.
Dani hizo la cena, y cuando recogieron la mesa, se fueron a la habitación. Dani se quitó la ropa y se tumbó en la cama en calconcillos. Anna hizo lo mismo, pero se puso su pijama.
-Dani, me has traído mi pijama favorito. Gracias, amor-dijo Anna.
Se miraron, se besaron, y cuando pararon, durante un tranquilo silencio, Anna empezó a llorar.
-Anna, qué pasa, ¿he hecho algo que te haya molestado?
-No.
-¿Y por qué lloras?-preguntó extrañado Dani.
-Porque te quiero.-respondió ella, mirándole a los ojos.
-¿Y eso es malo?
-Es lo mejor que me ha pasado.

Y entonces Dani la comprendió. En ese momento conectaron. Fue como si hubieran desnudado sus almas. Se querían con locura, y al igual que Dani estaba seguro de que Anna le quería, Anna estaba segura de que Dani le quería. Anna lloraba, pero eran lágrimas buenas. No eran lágrimas de sufrimiento ni de dolor. Porque en ese momento nada importaba. Nada de lo que habían pasado ni de lo que les quedaba por pasar, ni Miki, ni Romina, ni el programa, ni todo lo que ellos querían decirse, nada importaba. En ese momento Anna deseaba parar el tiempo. Sentía que estaba soñando, porque nunca había sido tan feliz. Dani se había portado tan bien con ella siempre que ni siquiera podía agradecérselo. Sentía una paz interior indescriptible. Como si sintiera que ya todo estaba bien. Ya nada la preocupaba porque estaba con Dani, con su chico, con el hombre que quería pasar todo el tiempo del mundo. Dani la miraba llorar. Sabía que esas lágrimas no era de dolor, y miraba a Anna a los ojos, sonriente, porque Anna era ELLA. Era su rubia, era la chica de sus sueños, era el principio de todo y era el final. No había nada que pudiera separarle de ella. Haría cualquier cosa por ella, y tenía fe total en Anna, porque sabía que ella también haría cualquier cosa por él.
-Anna, tengo miedo, ¿sabes?-comentó Dani, rompiendo el silencio.
-¿De qué, cariño?
-De no ser nunca tan feliz como lo soy ahora-replicó él. Anna sonrió. Pensó que si estaban juntos, siempre podrían ser tan felices como en ese momento. Le besó con dulzura, y se durmieron abrazados, juntos, con amor, paz y felicidad irradiando con fuerza.

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