viernes, 8 de julio de 2011

Al que lo lea.

Dios, me he metido a ver mi historia y he visto que tenía comentarios, y 4 seguidores. En serio, no sabéis la ilusión que me hace y la vergüenza que me da, todo al mismo tiempo. Me gustaría que, si la leéis, me digáis qué os parece y, sobre todo, qué fallos véis, o qué puedo mejorar. Me gusta escribir, y toda crítica (constructiva) es bien recibida. Gracias otra vez. Ahora estoy de vacaciones, pero cuando tenga ordenador, prometo leer vuestros blogs, y comentar. Muchos besos y abrazos. :D

martes, 21 de junio de 2011

Pues ya está.

Hasta aquí mi historia. Espero que os haya gustado. Si publico alguna otra, os pondré el link. Un besazo a todos.

Parte 53

-¿Qué hacéis ahí los dos? No os encontraba...-les miró extrañada, y ellos se miraron con complicidad.
-Nada. Yo... me voy a estudiar.-se excusó Sara, lléndose a su cuarto. Anna sonrió a Dani, y fue con él a el tejado.
-Estábamos hablando-confesó él.
-¿De qué?-Anna le miraba con curiosidad. Él sonrió.
-Antes estaba viendo fotos de cuando empezamos a salir. Y es que cada día eres un poco más guapa.-ella sonrió tímidamente, y él le dio un beso. De pronto volvió a entrar a la casa por la ventana, y le hizo un gesto a Anna para que le siguiera. Cogió una caja de uno de los armarios.
-Tenía esta caja olvidada. ¿Quieres ver fotos mías de pequeño?-preguntó con una sonrisa. Ella afirmó, y se sentaron en el suelo, sacando unas 20 fotos descolocadas. Anna empezó a mirarlas, haciendo algunas preguntas. Dani cogió una de las fotos.
-Esta me encanta...-se la enseñó a Anna. En ella salía Dani, con unos 3 ó 4 años, en la playa, junto a una niña de la misma edad, rubia. Los dos jugaban con la arena y se sonreían.
-¿Y esta foto?-preguntó Anna.
-Es de cuando fui a la playa; ahí tengo 3 años. Esa es una niña que conocí en la playa. Nada más vernos, sin conocernos ni nada, nos pusimos a jugar. Cuando me iba a ir a mi casa le dije...
-"Te prometo que nos volveremos a ver".-cortó Anna. Dani se quedó sorprendido.
-¿Eras tú?
-Sí. Y parece que no mentiste cuando me dijiste que nos volveríamos a ver.-comentó ella, sonriendo.
-Siempre te he querido. Desde el primer momento que te vi, supe que ibas a ser importante para mí.-Dani la besó con dulzura. Parecía que, para ambos, no había pasado el tiempo. No estaban igual que cuando se conocieron, pero se seguían queriendo tanto o más que el primer día.

Parte 52

-¿Qué pasa? ¿Por qué lloras?-susurró Anna, abriendo los ojos. Se desperezó un poco, pero se dejó de mover, porque al hacerlo le dolía mucho la tripa.
-¡Anna!-Dani sonrió, aún con lágrimas en los ojos- Joder, ¿estás bien?
-Bueno... Me duele la tripa. Pero acabo de dar a luz a dos niños, es normal. ¿Qué pasa? ¿Me he dormido o algo?-Anna parecía no haberse dado cuenta de nada. Dani sonrió, ya que, al menos, ella no había sufrido.
-Tenías una hemorragia interna y te acaban de operar. Pero ya...
-¿Qué? ¿Que me han operado?-repitió incrédula Anna.
-Sí, Anna. Mañana por la tarde podemos irnos a casa... Te quiero.
-Y yo a ti, Dani. Esto es... Joder, soy tan feliz...-Anna dio un beso a Dani, sonriendo.





Dani estaba en casa, mirando fotos de Anna y él cuando habían empezado a salir. Cerró el ordenador con una sonrisa. Había pasado tanto tiempo... Recordó cuando se había ido de casa, cuando habían empezado a salir, cuando había conocido a sus padres, cuando habían nacido los gemelos... Ahora ellos tenían 11 años. Anna estaba trabajando. En ese momento ya no trabajaban juntos. Anna hacía un programa de radio, y Dani uno de televisión. Él volvía a casa una hora antes que ella. Miró su reloj, y vio que eran las 7. Faltaba media hora para que llegara Anna. Decidió subir a aquel rincón del tejado, llano, en el que había pasado algunas noches con Anna. Encontró ahí a Sara. Sorprendida trató de ocultar algo.
-¿Qué pasa Sara?-preguntó él, desconfiado.
-Nada...-mintió ella, mirándole a los ojos, desafiante. Dani la agarró con suavidad de la muñeca y tiró de ella. Sara se resignó, y le enseñó la mano, en la que tenía un cigarrillo.
-Sara, venga ya. No me esperaba esto...-Dani parecía estar siendo sincero, pero Sara respondió indiferente:
-Qué pasa.-Dani esperaba que ella tratara de excusarse, que se callara o que mintiera. Pero no esperaba esa respuesta.
-¿Que qué pasa? Que tienes 14 años. Que eres mi hija y que me importa lo que hagas.-replicó él.
-Ya, bueno. No parece que te interese mucho mi vida...-ella no le miraba a los ojos, y dio otra calada, despreocupada.
-¿Quieres que te cuente cómo nos conocimos tú y yo? No creo que te acuerdes...-dijo Dani. Sara le miró con interés.
-Pues me conociste cuando nací, ¿no?-supuso ella.
-No, Sara. Tu madre y yo tuvimos... Tuvimos problemas, y yo me fui. Cuando me fui no sabía que ella estaba embarazada de ti...
-Espera, espera. ¿Qué problemas?-se interesó Sara.
-Bueno...-Dani se rascó la cabeza incómodo- Yo antes hacía actuaciones los fines de semana. Una vez me fui a León, cerca de casa de los abuelos. Bebí mucho y... Bueno, me fui con una tía...-Dani miraba a todos lados, nervioso.
-¡¿Le pusiste los cuernos a mamá!?-gritó Sara, algo indignada.
-Sí, Sara. Yo estaba tan borracho que ni siquiera me acordaba. Volví a casa, y decidí que lo mejor para Anna era que me alejara de ella, para no hacerla más daño. Ahora, cuando lo recuerdo, me doy cuenta de que fui tan cobarde... Dejé una nota, y me fui sin decir nada. Volví al cabo de unos meses, porque la había visto en la televisión. Le conté lo que había pasado, y creí que me podía ir definitivamente. Pero 2 años después, mientras vagaba por la playa, ahí estabas tú. Estabas sola entre unos apartamentos de primera línea de playa, llorando. Yo te cogí en brazos, y tú me contaste que tu madre te había regañado, y tú te habías escapado. De pronto oí a tu madre detrás de mí, llamándote. Me vio y se quedó callada. Fuimos al apartamento que tenía alquilado ella, y estuvimos hablando. Después de un tiempo ella me perdonó... Tú tardaste un tiempo en enterarte de que yo era tu padre.
-¿Estás diciéndome que hasta que no tuve 2 años tú no me conociste?-Sara estaba alucinada. No se lo podía creer.
-Sí. Desde el día en que me fui, no ha habido un sólo día en el que no me haya arrepentido de lo que hice. Pero ahora estoy aquí, y...-Dani miraba a los ojos a Sara- ¿Qué te pasa últimamente, Sara?-ella le miró, como si le sorprendiera que notara algo.
-¿Que qué me pasa?-dijo, fingiendo que no le pasaba nada.
-Sí, Sara. Siempre has sido una chica estudiosa, buena, obediente... Últimamente suspendes, sales viernes, sábados y domingos todos los fines de semana, supongo que irás a botellones, y ahora me entero que fumas. En serio, he sido adolescente, y sé que no se cambia de un día para otro.
Sara le miró a los ojos. Él notó que le pedía ayuda, pero que le costaba contárselo. Le hizo un gesto, como incitándole a que se lo dijese. Sara suspiró.
-Es que... A ver, en mi clase hay un chico que me gusta, y para conocerle, me fui metiendo en su círculo de amigos-negó con la cabeza, y tiró el cigarro-. No sé cómo haces que te cuente esto.
Dani sonrió.
-¿Sabes? Cuando yo tenía tu edad debía de ser como ese chico. Bebía, y era "popular". Había una chica, que era muy guapa. Al principio era un poco la "marginada" de la clase, pero se fue metiendo en el grupo, hasta que llegó a ser una de las que organizaba las salidas los fines de semana. Un día, estando los dos solos, me soltó que yo le gustaba. Nos besamos, y hablamos. Después de eso, los dos salimos del grupo de populares. Íbamos a nuestra bola, éramos nosotros mismos. Después de un tiempo, ella se cambió de colegio, y de ciudad, y yo volví con el rabo entre las piernas al grupito de siempre. Lo que quiero decirte es que pienso que deberías hablar con ese chico. Eso sí, si empiezas a salir con él, me lo presentas, ¿eh?-avisó él, riendo. Ella sonrió, y los dos notaron que había alguien que acababa de subir allí, y miraba por la ventana. Era Anna.

Parte 51

Anna estaba muy cansada. Romina llegó y fue corriendo a darle un beso y un abrazo.
-¡Anna, cielo, ¿estás bien?!
-Más o menos... Me duele mucho la tripa. Y estoy muy cansada. Pero mira qué preciosidad de niño.-dijo, sonriendo.
-¿Cómo les vais a llamar?-preguntó Nacho.
-A éste hemos coincidido en llamarle Daniel; no sé, le hemos visto y hemos pensado lo mismo. Pero al otro todavía no lo sabemos.-comentó Dani.
-Dani, por favor, busca al doctor y pregúntale por el otro niño.-pidió Anna. Él hizo lo que ella le pedía, y volvió al poco rato.
-Dice que está en la incubadora, en observación, pero que está bien. En un par de horas, lo traen...
Dani se sentó en el sillón, nervioso.
-Me preocupa que esté bien...-comentó.
-No pasa nada, Dani. Verás como todo sale bien.-apoyó Nacho, sonriéndole.
Nacho cogió en brazos al niño, indeciso.
-Es tan... No sé, es igual que Dani de pequeño. ¿No has visto fotos suyas de pequeño, Anna?-preguntó.
-No; pero tiene algo que me recuerda a él.


Pasaron un par de horas, algo tensos, y entonces llegó a la habitación el doctor, seguido de una enfermera con un niño en brazos.
-Enhorabuena por los dos niños. Están perfectamente ambos, ¿vale? Puede pedir el alta cuando quiera, pero sería mejor que se quedara esta noche aquí.
-Muchas gracias, doctor.-agradeció Dani, cogiendo al niño en brazos. Emocionado, se lo acercó a Anna, que lo cogió con manos temblorosas.
-Es muy pequeño, ¿no?-susurró, ensimismada.
-Bueno, su peso es un poco inferior al habitual. Pero eso no quiere decir nada. Hemos hecho todo tipo de pruebas y no hemos encontrado nada.
-Creo que éste podría llamarse... Oliver. Me gusta, ¿y a ti?
-Claro, cariño. Muchas gracias, doctor...-Anna estaba débil. De pronto, se le cerraron los ojos, soltando al niño. Dani lo cogió rápidamente, evitando que se cayera.
-¡Anna! ¿¡Anna, estás bien!?-ella no respondía. El doctor les pidió que se apartaran y se llevó la camilla con Anna, dejándoles a todos en silencio, sin saber qué decir.

A los pocos minutos, volvió la enfermera, seria.
-El doctor me ha pedido que venga a comunicarles...
-¡¿Qué?! ¡¡¿Qué le pasa?!!-gritó Dani, extremadamente nervioso.
-La... La señora Anna Simón ha...-la enfermera tartamudeaba, nerviosa- Tiene una hemorragia interna y... Está en quirófano. Todavía no se sabe qué ha provocado la hemorragia. Les avisaré si hay alguna novedad-la enfermera salió de la habitación. En ese momento Dani sintió que el mundo se le caía encima. Se dejó caer en el sillón, y se tapó la cara con las manos. Su mundo se le cayó. Ya estaba convencido de que su vida iría sobre ruedas, y le decían que Anna tenía una hemorragia. Tenía tanto miedo de que le pasara algo... Era su vida. Todo lo que quería, todo lo que pensaba, todo lo que soñaba, era ella. No había nadie más para él. Empezó a llorar, nervioso. Nacho se sentó a su lado, abrazándole.
-Joder, Nacho, tengo tanto miedo de que le pase algo...-dijo, entre lágrimas.
-No pasa nada, tío. Ya verás como se pone bien. Tienes que ser fuerte, joder. Acuérdate de que tienes 3 hijos a los que cuidar. Y los vas a cuidar con ella, ¿vale?-Nacho hablaba convencido, mirándole a los ojos. Dani le miró. Su mirada, desesperada, como si necesitara agarrarse a algo. Romina se acercó también y le dio un abrazo.
-Eeh... Chicos, ya es tarde. Iros a casa si queréis. Yo me quedo aquí con los niños y... Si me dicen algo de Anna os llamo-dijo, más tranquilo, Dani-. De verdad, no me importa.
-¿Seguro?-preguntó Nacho, inseguro.
-Que sí, Nacho, que me quedo aquí, y os llamo con lo que pase.-insistió él.
-Dani, todo va a selir bien. No te pongas nervioso, ¿vale?-dijo Romina, mirándole a los ojos.
-Gracias, chicos. Hasta luego...-Dani se quedó ensimismado. Cogió a Sara en brazos, y la abrazó, sin saber qué decir.


-Perdone... Perdone, creí que querría saber que Anna está bien-dijo el doctor. Dani abrió los ojos, desorientado.
-¿Eh? ¿Dónde está Anna?-preguntó, frotándose los ojos.
-Está en la cama. Se despertará en unos minutos. Hemos podido controlar la hemorragia, y está bien. Tendrá que venir la semana que viene a hacerse una revisión, pero creemos que ya está bien. Hay que esperar a que se despierte, pero esperamos que pueda irse mañana por la tarde.-explicó.
-Gracias, doctor...-el doctor salió de la habitación, y Dani miró su reloj. Eran las 12 y media de la noche. Mandó un mensaje a Nacho, y se acercó a ver a Anna. Sara estaba en el sofá, durmiendo, y los gemelos, también durmiendo.
Se inclinó sobre la cama, y le acarició el pelo con delicadeza. No pudo evitar que unas lágrimas cayeran de sus ojos, y rodaran por sus mejillas. Abrazó a Anna, llorando, y sintiendo que estaba solo.

Parte 50

Después de 4 meses, Anna ya había salido de cuentas. Estaba nerviosa, porque sabía que de un momento a otro podría ponerse de parto. Flo había decidido darles unos días de vacaciones, al menos hasta que nacieran los niños, y Dani no se separaba de Anna practicamente para nada.
Estaban juntos viendo la televisión. Anna empezó a notar un fuerte dolor en la tripa.
-Dani... Me duele muchísimo la tripa... ¿Puedes llevarme al médico? Sólo para comprobar que todo va bien...-Anna se esforzó por parecer tranquila.
-Claro-Dani se levantó deprisa del sofá y ayudó a Anna a levantarse. Cogió corriendo a Sara y las llevó a mbas al coche, nervioso.
-¿Estarás de parto?-preguntó Dani.
-No, no es eso... Me duele la tripa muy fuerte, pero no es de parto... Me preocupa que les pase algo a los niños...-Anna hablaba con voz suave. No quería denotar el dolor en su voz, Dani ya estaba lo suficientemente nervioso.
Llegaron al hospital, y atendieron a Anna rápidamente.
-No puede pasar con la niña-dijo el doctor a Dani, mirando a Sara-. Quédese aquí, y cuando sepamos algo, le avisaremos.
Dani se sentó resignado. Decidió llamar a Nacho por si Anna se ponía de parto, poder pasar con ella.
-Nacho, tío, ven al hospital, por favor-pidió cuando le contestó al teléfono-. Creo que Anna se va a poner de parto, y necesito que te quedes con Sara por si acaso...
-¿Que Anna está de parto?-oyó a Romina de fondo- Vamos, Nacho.
-¿Qué hospital?-preguntó Nacho, más tranquilo que Romina.
-Sagrado Corazón. Estoy en la sala de espera. Si me dicen algo más, os llamo. Hasta luego.-Dani colgó, nervioso.
-¿Qué le pasa a mamá? ¿Dónde está?-preguntó Sara al ver lo nervioso que estaba Dani.
-Mamá... Mamá ha ido a buscar a tus hermanitos. ¿Te acuerdas que te dijimos que a lo mejor tenías un hermanito o una hermanita? Pues van a ser 2. Dos hermanitos. Ahora va a venir el tío Nacho con Romina, y yo voy a ir con mamá, ¿vale?
Sara se quedó un momento en silencio.
-Dani... Los niños de mi clase me han dicho que todos ellos tienen papá y mamá. ¿Y yo? ¿Tú eres mi papá?
Dani se quedó un momento pensando.
-Sí, Sara, yo soy tu papá. Si quieres, puedes llamarme así.-Sara se quedó pensativa.
-No, creo que prefiero Dani-respondió ella, riendo.
Dani también se rió, y en ese momento llegaron corriendo Nacho y Romina, preocupados.
-¿Está bien?-preguntó Romina, nada más verle.
-No lo sé, no me han dejado pasar. Si podéis quedaros con Sara, puedo intentar pasar...
-Claro-respondió Nacho enseguida, cogiendo a Sara-. Tú intenta hablar con los médicos, ¿vale?
Dani dio las gracias, y salió corriendo en busca del médico. Después de un rato le encontró por los pasillos.
-¡Oiga! Perdone, ¿cómo está Anna? ¿Qué le pasaba?-preguntó nervioso.
-Ah, iba a acercarme para avisarle. Ha habido un... problema, y hemos tenido que provocarle el parto. En media hora más o menos, dará a luz. Venga conmigo, puede quedarse con ella.
-Gracias, doctor. Pero, ¿qué "problema" ha habido?-se interesó- Anna está bien,¿no?
-Sí, ella está bien... Ha perdido líquido amniótico, y por eso había que provocarle el parto, pero todo indica que no va a haber más problemas.
Dani llegó a la habitación, y se acercó corriendo al lado de Anna.
-Anna, cariño, ¿estás bien?-preguntó, acariciándole el pelo, preocupado.
-S...sí... Creo que sí... Me duele mucho la tripa, estoy empezando a tener contracciones. Dani, esto duele muchísimo...
-Ojalá pudiera pasar esto por ti. Pero no puedo... Así que tienes que ser fuerte, hacerlo por los niños. Y por mí, ¿vale?
-Vale...-Anna reprimió como pudo un gesto de dolor- Te quiero-susurró.
-Yo voy a estar contigo todo el tiempo. Y no te voy a soltar la mano.
-Gracias, Dani...

Cuando Anna había dado a luz estaba agotada. Medio dormida, se la llevaron a la habitación. Tenía a uno de los niños en brazos.
-Dónde...¿Dónde está...? ¿Dónde está el otro niño...?-preguntó débilmente a Dani.
-Se lo han llevado; tenían que hacerle pruebas o algo así, porque estaba peor. Anna lo has hecho genial. Te quiero.
-Y yo a ti...-Anna miró al niño, sonriendo. Era precioso.
-Daniel. Este niño es Daniel. No sé por qué, pero creo que ese nombre le va perfecto.
-¿Puedo cogerlo?-preguntó Dani, nervioso.
-Claro.-Anna se lo dio. Dani lo cogió con cuidado. Era pequeño, frágil. Y allí estaba él, para protegerle y defenderle.
-Tienes razón. Se va a llamar Dani.
Volvió a darle el niño a Anna, que tenía que darle el pecho, y se fue a la sala de espera a buscar a Sara, Romina y Nacho.
Cuando le vieron aparecer los tres le miraron expectantes.
-¿Qué ha pasado? ¿Están bien los tres?-inquirió Romina, nerviosa.
-Ha habido un problema, porque Anna había perdido líquido amniótico, pero ha dado a luz normalmente. Uno de los niños está ya con Ana, pero al otro se lo han llevado a hacer pruebas o algo. No me lo han explicado...
-¿Podemos ir a verles?-preguntó Nacho. Dani afirmó con la cabeza, y ellos le siguieron hasta la habitación.

Parte 49

Salieron de la consulta, y Dani abrazó a Anna, feliz.
-Todavía te queda otra cosa hoy...-comentó riendo- Vamos a casa de Romi y Nacho a por Sara y vamos, que tengo una sorpresa.
-¿Una sorpresa? Estoy deseando saber qué es...-comentó.
Fueron a casa de Romina y Nacho, que ya vivían juntos. Cogieron a Sara, y subieron al coche.
-¿Dónde vamos?-preguntó Anna, divertida.
-Si te lo digo ya no será una sorpresa...-replicó él, cogiendo su bufanda para taparle los ojos a Anna.
-¿Qué haces?
-Quiero que sea una sorpresa hasta el final.-Dani le dio un beso en la mejilla y empezó a conducir. Después de unos cinco minutos, Dani bajó del coche. Cogió a Sara en brazos y sacó a Anna del coche.
-Ya puedes quitarte la bufanda.-dijo, mirándola. Anna se quitó la bufanda y se vio delante de un chalet precioso, de dos pisos, con el tejado a varias aguas.
-¿Y...Y eso?-preguntó Anna, con voz temblorosa.
-Es nuesta, rubia mía... Es nuestra casa.-dijo, dándole un beso en la mejilla.
Anna corrió hasta el interior de la casa, y la recorrió entera, corriendo, disfrutando como una niña.
-Tranquila, Anna; no corras tanto, que estás de 5 meses, cielo...
-Dani, gracias, de verdad. Es preciosa. No me puedo creer que hayas hecho esto por mí...-Anna le abrazó, sonriendo.
-Mañana voy a traer todas nuestras cosas. Si quieres esta noche podemos dormir aquí...
-¡Claro!-respondió ella enseguida.
Dani pidió comida china, y se sentaron en el suelo a cenar. La casa estaba vacía, las paredes sin pintar... El simple hecho de pensar todo lo que habrían de hacer en esa casa, hacía sonreír a Anna. Dani estaba feliz simplemente con ver la sonrisa de Anna. Cuando acabaron de cenar, Dani cogió a Sara, y dio la mano a Anna.
-Ven, hay una cosa que quiero enseñarte.
Dani llevó a Anna a la bohardilla. Allí, al abrir una ventana, quedaba un pequeño trozo de tejado llano, en el que se sentaron a mirar las estrellas.
-Mami, ¿vamos a vivir aquí?-preguntó Sara.
-Sí, cariño. A partir de ahora ésta va a ser nuestra casa.
-¿Y Dani va a vivir con nosotras para siempre?
-Para siempre...-repitió Anna, mirando a Dani con una sonrisa cómplice.
Después de pasar allí un rato, Anna llevó a Sara a la cuna, que estaba en una habitación vacía.
Dani sonreía un poco nervioso.
-He hecho algo, pero no sé si te gustará... De todos modos, si vamos a pintar la habitación, podemos pintarlo y...
-¿Qué es?-cortó ella.
-Ven, es mejor que lo veas...
Dani llevó a Anna a la habitación de matrimonio, a su habitación. Precisamente a esa habitación, ella no había pasado.
-Anna, hace tiempo te dije que para mí casarme sólo era poner en un papel que te quiero-dijo a modo de explicación Dani-. Pues, para que veas que te quiero, creo que esto es mejor.
Anna entró en la habitación. Había una cama grande, sin sábanas con plásticos sobre el colchón. Encima de los plásticos había un bote de pintura turquesa y una brocha, manchada de pintura.
En la pared de enfrente de la cama, ponía con letras grandes: <<Te quiero, Anna Simón>>
Anna lo vio y se sentó en la cama, sin poder evitar que las lágrimas saliesen de sus ojos.
-Dani, esto es... De un día para otro me entero de que voy a tener gemelos con el hombre de mi vida, que él me ha comprado una casa preciosa, que voy a ser feliz con él siempre y que, de una forma poco tradicional, se podría decir que nos hemos casado...-Anna empezó a reír. Dani se confundió entre las lágrimas y las risas.
-¿Qué pasa? ¿Me he precipitado demasiado?-se preocupó Dani. Anna negó con la cabeza, y cogió la brocha. La mojó en el bote de pintura y escribió debajo, con letras grandes también.
<<Te quiero, Daniel Martínez>> Él, exhibiendo su encantadora sonrisa, se levantó con los brazos abiertos. Se abrazaron, y Anna le dio un beso en la mejilla.
-Gracias-le susurró en el oído-. Creo que no podría ser más feliz, Dani...
Dani tiró al suelo los plásticos que había encima de la cama, y tumbó allí a Anna con cuidado. Se puso encima de ella, besándola, y acabaron haciendo el amor. Cuando terminaron se encontraron en su casa, desnudos, tirados en la cama, sin más protección que el abrazo del otro, solo y, por una vez, muy felices. Dani acariciaba la tripa de Anna, ensimismado.
-Sigo sin creérmelo... Gemelos... Tú y yo... Juntos... Joder, hemos pasado tantos malos momentos que creo que ya empezaba a dudar de que pudieramos ser felices de una puta vez... Te quiero...-Dani hablaba despacio. Tenía mucho sueño. Anna también; le dio un beso y se arrimó más a él.
-Hasta mañana...-consiguió decir antes de quedarse dormida en sus brazos.

Parte 48

Anna empezó a tener hambre. Eran las 4. Buscó un pequeño restaurante cercano, y comió rápido, sin ganas.
Vagó triste por la ciudad, recordando cuando había paseado por esas calles con Dani. Empezó a llorar, y, para que nadie la viera, decidió irse a aquel lugar que Dani le había enseñado. Esas rocas que mostraban el bonito paisaje de las montañas de León. Se sentó allí, y rodeó sus piernas con sus brazos, encogida, como abrazándose a sí misma de alguna forma. Se sentía enormemente sola. Abandonada. Quería morirse. Ya nada tenía sentido.

Dani fue a las rocas. Quería estar solo para pensar. Y entonces la vio. Como si fuera un espejismo. Estaba allí, sentaba. Sola. Muy sola. Y llorando. Se acercó por detrás sin hacer ruido y la abrazó. Ella se sobresaltó.
-¡Dani! ¿Qué haces aquí? ¿Cómo me has encontrado?-susurró, mirándole a los ojos, como hipnotizada.
-No lo sé, rubia mía. Yo sólo... He sentido que tenía que venir aquí. Pero ahora que te tengo delante, puedo por fin decirte a la cara todo lo que quería.
Dani volvió a abrazarla por detrás de nuevo y le dio un beso en la mejilla. Anna cerró los ojos. Por un momento se pudo olvidar de todo. En ese momento, lo único que existía en el mundo era ella, y los labios calientes de Dani que presionaba contra su fría mejilla. Y sus brazos, que la protejían del mundo. Sintió cómo una lágrima caía por su mejilla. Por fin se sentía bien. Por fin se sentía libre y a gusto con Dani.
-No quiero que esto acabe, Dani...-susurró, dándose la vuelta, sin abrir los ojos.
-No acabará si tú no quieres.-replicó Dani, besándola dulcemente. Se sentía como si estuviera soñando.
-¿Y Sara?-se preocupó Anna.
-Tranquila, está con mi madre. Ya se está empezando a preocupar de tantas cosas raras. Pobre, con lo pequeña que es...
Anna miró a Dani, y él la abrazó todavía más. A Anna le encantaba la sensación de que él le cubría la espalda, de que la protegía y que daría la vida por ella.
-Dani. Dime una cosa.
-Qué-Dani dio otro beso en la mejilla a Anna.
-¿Tú me quieres mucho?
-¿Mucho? Qué va.
-Ah... Vale...-Anna se sintió incómoda.
-Mucho es demasiado poco para expresar lo que te quiero. Te quiero muchísimo más que mucho. Te quiero como nunca he querido a nadie. De verdad, Anna. Nunca había imaginado mi vida al lado de otra persona. Y contigo ni siquiera tengo que imaginarla.
-Dani, yo te quiero muchísimo más que todo eso. No sé cómo decirte cuánto te quiero. Pero es que me duele tanto estar contigo. Siempre nos pasa algo. Es tan difícil estar juntos que... Estoy planteándome...
-No lo digas-Dani luchó por contener las lágrimas, pero le temblaba la voz-. No lo digas, por favor. Anna, no podría aguantar estar otra vez sin ti... Por favor..-Dani la abrazó con más fuerza, llorando.
-Dani, ¿tú sabes lo que es sentir que has perdido la única persona que te importaba en el mundo? ¿Sabes lo que es acostarte cada noche con la esperanza de que al despertarte él esté allí, abrazándote? ¿Despertarme, sentir un vacío en la cama y desear que estuvieras allí conmigo, y pasar eso más de 2 años?
-No. Vale, no sé lo que es eso. Pero sé lo que es acostarme cada noche pensando en dónde estarías, cómo estarías, con quién estarías, planteándome a diario si tomé la decisión adecuada o si debía volver o... No sé, pensé de todo. Nada me importaba al no estar contigo, rubia mía. Sin ti mi vida no tiene sentido...
-Pero Dani, es que he sufrido tanto desde que estoy contigo que... Ya no sé si es por ti, si es por mí o si es por esta mierda de mundo..
-Te juro que a partir de ahora haré todo lo que esté en mi mano para que podamos ser felices.
-Abrázame más fuerte, por favor. Quiero que te quedes conmigo pase lo que pase...-Anna le besó sin fuerzas, porque estaba muy cansada de todo el día.



Dani y Anna estaban en el médico. Habían pasado 3 meses, y le iban a hacer una ecografía a Anna.
-Qué nerviosa estoy...-comentó Anna, sonriendo.
-¿Hoy podremos saber si es niño o niña?-preguntó Dani, más tranquilo.
-No se sabe. Si está bien colocado, es posible que sí, pero habrá que esperar a verlo.
Anna se tumbó en la camilla. El médico empezó a mover la máquina de las ecografías por la tripa de Anna.
-Vaya...-el doctor parecía sorprendido y ensimismado- ¿Tienen ustedes antecedentes de gemelos o mellizos?-preguntó.
-Yo sí-se adelantó Dani-. Mis tíos son mellizos, y mis primos, gemelos.
-Yo creo que tenía unos primos lejanos mellizos o algo así, pero nada más. ¿Es que son mellizos?-preguntó Anna incrédula.
-Gemelos-corrigió el doctor-. Mire, aquí está uno y aquí el otro.-movió el aparato por la tripa de Anna mientras señalaba la pantalla.
-Dios, no me lo puedo creer...-Dani estaba sonriente, feliz.
-¿Y el sexo? ¿Lo puede ver?-preguntó Anna.
-Mmmm... Creo que ése es chico, y por lo tanto, el otro también lo será. Pero no estoy del todo seguro. Habrá que esperar a la siguiente ecografía.
Anna miró a Dani, sonriéndole.
-¿Qué te parece?-preguntó ella.
-Es... Dios, es perfecto... Te quiero.-la besó dulcemente.

Parte 47

-Te quiero...-susurró antes de volver a dormirse.

-¡Dani, nos hemos quedado dormidos! Hoy teníamos programa, ya incluso ha empezado... Corre, dame tu móvil y llamo a Rubén, el de sonido, para que le pida perdón a Flo de nuestra parte, ¿vale? Joder, se me olvidó ponerme el despertador.
-Lo siento, rubia mía... Es que después de la noche que pasé lo menos que me apetecía era buscar el despertador...
-Menos mal que te dejaron salir..¿Qué haría yo sin ti?-Anna se tumbó encima de Dani y le besó dulcemente.
Dani la besó e hicieron el amor. Mientras estaban haciendo el amor alguien entró en la habitación.
-¡Eh!-gritó Flo, enfadado. Anna y Dani pararon y se taparon rápidamente- Yo estaba preocupado por si os había pasado algo y vosotros aquí, follando. Ya podéis despediros del trabajo.
-¿Cómo has entrado?-preguntó Anna bajando la cabeza, sonrojada.
-Me diste una llave de tu casa hace tiempo por si pasaba algo. Y no sabía si había pasado algo importante. Pero bueno, me voy. Ya os enviaré el despido y todo eso.-Flo salió de la habitación. Dani cogió la primera prenda de ropa que vio, se tapó como pudo y salió corriendo detrás de Flo.
-¡Espera, Flo, por favor! Que esto no es lo que parece, te lo juro...
-Oye, yo no te he dicho que no te puedas acostar con ella. Pero que faltes al programa por hacerlo no me parece ni normal.-se notaba que estaba muy cabreado.
-Pero Flo, escúchame. Anoche me pasé toda la noche detenido, ¿vale? Llegué a las 6 de la mañana, y nos hemos quedado dormidos. Nos acabábamos de despertar y ya no llegábamos. No quería llamarte porque estabas todavía haciendo el programa y no quería que te sonara el móvil y cagarla todavía más. Te juro que esto no volverá a pasar, ¿vale?
Flo se quedó serio.
-Dani, estoy hasta las narices de darte segundas oportunidades. Madura de una puta vez y compórtate.
-Flo, no es culpa mía, yo...
-¡¡Daniel, joder, por una vez en tu vida, acepta que tú tienes la culpa!! No siempre vas a tener alguien a quien hechar las culpas, joder. Yo me voy. Me pensaré el despediros. Hasta mañana.-Flo salió de casa dando un portazo. Sara empezó a llorar. Dani se sentó en el sofá, derrumbado. Él se había ido de casa después de tomar una decisión que en ese momento veía estúpida, y eso no paraba de traerle consecuencias horribles, que le hacían tener problemas con Anna, e incluso con la justicia. Empezó a llorar, y Anna cogió a Sara en brazos y se sentó con él.
-Dani...-Anna empezó a hablar, sin importarle mucho si Dani la escuchaba o no- Yo ya no puedo más contigo. Lo siento mucho.
Anna dejó a Sara en brazos de Dani, se vistió y se fue de casa. Dani seguía llorando, pero se esforzó por levantarse para dar de desayunar a Sara. Anna cogió el coche y se fue a Mollet, a su casa. Necesitaba irse, alejarse de todo. Estaba cansada de tener que cargar con todo.
Dani la llamó. Seguía llorando, pero necesitaba hablar con ella. Anna puso el altavoz, y siguió conduciendo.
-Ss..¿Sí?-dijo en voz baja, para que Dani no notara que estaba llorando.
-Anna...¿dónde estás?-la voz de Dani sonaba triste, desesperanzada, como si llevara encima un gran peso.
-Estoy... Estoy conduciendo...
-Joder, Anna, después de lo que pasó la última vez, ¿cómo se te ocurre ponerte a conducir estando... así?
-Así, ¿cómo?-se puso a la defensiva ella.
-Estás llorando. Te conozco bien, Anna.
-Dani, te quiero muchísimo. Yo no sé vivir sin ti. Pero es tan difícil estar contigo... Me cuesta pasar tantas cosas y que tú nunca me consueles ni me ayudes. Dani, he pasado mucho tiempo aguantado. Pero ya no puedo más... Y tengo miedo, y no sé qué coño hacer, ¿vale?-Anna lloraba.
-Por favor, Anna, no llores. Atiende a la carretera.
-Yo no estoy llorando...-volvió a mentir Anna.
-Anna, lo siento mucho. Vuelve a casa y hablaremos, ¿vale? Perdóname. Te necesito a mi lado. Quiero pasar contigo el resto de mi vida. Por favor, Anna, no me hagas lo que yo te hice... Por favor, perdóname...
Anna colgó, y trató de evitar llorar para no tener un accidente. Sin saber por qué, se dirigió al pueblo de Dani, a Astorga.
Se fue a un hotel cercano a la casa de Dani. Pidió una habitación y se tumbó en la cama, llorando sin parar. Eran las 2 del mediodía. No tenía hambre, no tenía sueño, no tenía ganas de nada. Sólo quería llorar. No tenía ganas de vivir. ¿Por qué la vida era tan complicada para ella?Ella tan sólo deseaba ser feliz con Dani. Nada más. Fuera como fuese. Estar bien con él. Y notaba que su relación estaba difícil de arreglar.
Dani estaba desesperado. Cogió su coche y se fue a casa de sus padres. Quería volver con su madre, como un niño, y llorar. Cogió a Sara.
-Dani, ¿dónde vamos? ¿Dónde está mamá?-preguntó Sara.
-Eeeh... Vamos a casa de los abuelos, ¿vale? Y mamá está trabajando. Duérmete, cariño.
Dani subió al coche y condujo a casa de sus padres sin saber qué más hacer.

Parte 46

Al día siguiente tenían programa. Anna no tenía fuerzas de ir. Si no estaba Pablo, le iba a hechar de menos, y si estaba, lo iba a pasar mal de todas formas.
Dani, al acabar el programa, decidió sacar el dinero del banco, para tenerlo cuando lo necesitara. Anna le esperó en casa.
Cuando él volvía a casa, caminando por la calle, se encontró de frente con dos chicos de unos 17 o 18 años, muy fuertes y con cara seria, que le señalaron y cuchichearon. Él se puso nervioso, y trató de esquivarles, cruzando la calle, pero ellos le siguieron. Siguió caminando, pero ellos consiguieron acorralarle en un callejón sin salida.
-Eh, tú, eres Dani, Martínez, ¿no?-espetó uno de ellos.
-Eeeh... ¿Quién pregunta?-trató de esquivar él.
-Pregunta el Chino, ha dicho que se le ha acabado la paciencia. Ya ha esperado demasiado. Mañana te espera en esta dirección-le extendió un papel, que Dani cogió tímidamente-. Por tu bien, VE.
Se fueron sin decir nada más. Dani se quedó un momento allí, de pie, sin saber qué hacer. Volvió a casa. Tenía miedo, pero decidió no decir nada a Anna para no preocuparla.
-Hola, cariño.-Anna le dio un beso.
-¿Y Sara?-se extrañó él.
-Hoy era su primer día de cole. Sale a las 6, tengo que ir en un rato a recogerla.
Dani se sentó con Anna en el sofá. Ella le dio un beso, y él la siguió, pero ella le notó distante.
-¿Qué te pasa?-preguntó ella.
-Nada.-mintió él enseguida.
-Dani... ¡Joder, te he dicho que me cuentes las cosas!-se quejó ella.
-Anna...-Dani suspiró- Bueno... No quería preocuparte, ¿vale? Es sólo... Es sólo que dos chavales me han cogido por la calle y me han dado un papel, diciéndome que tenía que ir mañana a una dirección, para dar el dinero al tío ese.
-Gracias por contármelo. ¿Nos vamos a recoger a Sara?-preguntó ella.
-Claro-Dani sonrió y le dio un beso.


-¿Dónde está el Chino?-preguntó al llegar. Uno de los chicos que había visto el día anterior le señaló una puerta. Dani pasó nervioso. Estaba Chino, sentado en una mesa redonda, con varios hombres más, jugando al póker al más puro estilo mafioso italiano.
-Hombre, Martínez, cuánto tiempo-comentó Chino, sin mirarle-. Chicos, os presento a Dani Martínez. Es muy famoso, ¿a que sí?-bromeó. El resto le rió la gracia, y él miró a todos lados nervioso.
-Oye, siéntate a jugar con nosotros, hombre-propuso uno de los hombres.
-Eeeh... No, tengo... Tengo prisa-tartamudeó Dani.
-Vale. Dame mi dinero.-se puso serio Chino.
Dani sacó un sobre de su bolsillo, y se lo tendió.
-¿¡1000 pavos!? ¿Te crees que soy gilipollas? Me debes por lo menos el doble, cabrón-Chino se puso de pie, y empujó a Dani, poniéndolo en la pared y cogiéndole de la camiseta.
-Tranquilo...-dijo Dani, con voz temblorosa.
-¡¿Tranquilo!? Tú me estás vacilando, chaval, ¿o qué te pasa?- Chino le pegó un puñetazo en la mandíbula, y Dani se quedó en silencio, por no empeorar la cosa.
De pronto empezó a oir gritos fuera. Chino le miró con odio.
-No habrás llamado a la policía, ¿no, cabrón?-gritó.
-¿La policía?-Dani se quedó pálido- Me cago en todo, tengo que salir de aquí...
Apenas había terminando la frase, un hombre con uniforme policial derribó la puerta. Chino y el resto de hombres que había en la habitación trataron de salir corriendo, pero los policías entraron por la puerta trasera, dejándoles rodeados.
Dani no sabía qué hacer. Corrió desesperado tratando de confundirse con el resto, y buscando desesperado una salida.



-¡Dani, joder, ¿dónde estás?!-a Dani le habían permitido hacer una llamada. Estaba detenido.
-Anna, no te preocupes, ¿vale? No te viene bien alterarte. Estoy detenido. No he ha pasado nada. Te llamaré en cuanto salga de aquí, ¿vale?
-Sal de ahí como sea, Dani-pidió ella-. Te hecho de menos, ¿sabes?
-Y yo a ti, cariño. Te quiero. Cuida de Sara. Adiós.
-Adiós...-Anna colgó, confundida.

Dani pasó toda la noche en el calabozo, pero consiguió salir con un juicio pendiente, ya que él no era más que un cliente de la mafia de narcotraficantes.
Volvió por la mañana. Era sábado, las 6 de la mañana. Anna estaba tumbada en la cama boca abajo, con un pijama de pantalón corto. Él sonrió, se quitó la ropa y se tumbó a su lado. Anna abrió los ojos.
-No me has llamado-susurró.
-Son las 6 de la mañana, Anna.
-Ven aquí-pidió ella. Dani se acercó, y Anna se abrazó a él.

Parte 45

Anna la miró con curiosidad, porque también le interesaba saber la respuesta.
-Mmmm... No sé... Nunca he tenido hermanitos.
Anna rió. Era obvio. La cogió en brazos.
-Pues dentro de un tiempo vas a tener un hermanito... O una hermanita.

Dani se puso a jugar con Sara. Después de un rato le sonó el móvil.
-¿Sí?-escuchó algo, y se levantó serio. Hizo un gesto a Anna de que se quedara con Sara, y se fue a la habitación.
Anna se levantó para escuchar lo que hablaba. Se acercó sin hacer ruido a la puerta, y se quedó al lado, apoyada en la pared.
-¿Cómo coño tienes mi número?
-...
-Mira, ya lo sé, pero ahora mismo no puedo.
-...
-No. No, no tengo novia. Vale, vale. Te daré el dinero. Pero después de que te lo de, ¿me vas a dejar en paz?
-...
-Mira, cuando te pedí... "eso" estaba pasando un momento muy jodido. Ya estoy bien, y sólo quiero olvidar ese tiempo.
-...
-Joder, que sí, que te he dicho que te lo daré. Llámame en un par de días y quedamos. Adiós.
-...
Dani colgó, serio. Anna abrió la puerta.
-¿Quién era?-preguntó seria.
-Era... Era mi madre, que quería saber...
-Daniel, ¿Quién coño era?-repitió, algo enfadada.
-Anna... No te lo puedo decir...-aceptó él.
-Dani, dime quién era. Te he escuchado.
-Anna, de verdad, es por tu bien. Es mejor que no lo sepas.
Anna empezó a llorar.
-Eres un imbécil-Anna fue cojeando hasta el sofá y se sentó cabreada-. Cada vez que confío en ti acabo llorando. No sé por qué seguiré creyendo en ti. Soy gilipollas...-Anna miró a Dani resentida. Él se sentó a su lado.
-Anna, joder, yo te lo quiero contar, pero... No quiero que te pase nada.
-Dani, quiero que confíes en mi. Me importa una mierda si me hace daño o no me hace daño. Dímelo.
Dani suspiró y cerró los ojos.
-Anna, hay algo que no te he contado de cuando yo... me fui.
-Dani, ya sé que en ese tiempo... Tú estuviste jodido. Dime qué pasó, por favor.
-Yo... Me ha llamado alguien que me vendió... Droga-Anna se sorprendió al oir eso-. Quiere que le de el diero que le debo.
-¿Por qué le has dicho que no tenías novia?-Dani notó cómo las lágrimas empezaban a caer por sus mejillas.
-Porque...-no pudo evitar ponerse a llorar- Anna, tengo mucho miedo de él. Pero de lo que de verdad tengo miedo es de que te haga algo. O de que le haga algo a Sara. Yo... No me lo perdonaría. Porque tú eres mi puta vida. Eres todo para mí. Y ahora tengo problemas porque hice el imbécil para intentar sentirme bien...
Dani se tapó la cara con las manos, tratando de ocultar su llanto. Anna le abrazó, y le secó las lágrimas.
-Dani, joder, no llores. Te quiero, ¿vale? Y yo te voy a ayudar y a apoyar en todo lo que necesites.
Él la miró a los ojos. Ella notó el miedo. El miedo de perderla. El miedo de no seguir siendo feliz. El miedo de que siempre se le jodieran los planes. El miedo de que ella cambiara. El miedo de que se fuera. Había tantos miedos que Anna sentía su dolor tan solo de mirarle. Le dio un abrazo, intentando darle fuerza.
-Gracias. Anna, gracias. Por favor, no me dejes, ¿vale? Es que... Me siento fatal... Pero te juro que en cuanto solucione esto, voy a dejarme de gilipolleces, y voy a estar contigo. Porque te lo mereces.
Dani la besó, y le dio un abrazo dulce.

Después de cenar, acostaron a Sara, y se fueron a la cama.
Dani besó a Anna, y se desnudaron como si no existiera el tiempo, como si no hubiera nada ni nadie más en el mundo.
Se tumbaron tranquilamente, y Anna apoyó la cabeza en el pecho de Dani, pasando el dedo por su tripa jugueteando.
-Dani...
-Qué pasa, amor.
-¿Qué te vendió ese tío?
-No sé, Anna. Eran pastillas. No lo sé, y, la verdad, ya que ahora estoy bien, me da igual.
-¿Cuánto le debes?-volvió a preguntar ella.
-Creo que... Menos de 1000. Hay que decirlo, es un cabrón. Pero prefiero darle lo que me pida con tal de que me deje en paz.
-Una última pregunta. ¿Qué piensas? ¿Qué piensas de ese tema, de mi embarazo, de todas las putadas que nos han pasado, de Pablo, de Romi y Nacho...? Nunca me dices lo que sientes o lo que piensas.
-De acuerdo. Pero eso tiene un precio-Dani sonrió pícaramente, y Anna le dio un beso. Pasaron la noche entera conversando, tumbados, perdidos entre las sábanas, conectando.